lunes, 6 de julio de 2015

La venerable Virginia Blanco El camino a la beatificación

Compromiso de fe. Toda una vida devota de Dios, con un fuerte sentido de caridad y dedicación a los pobres. Así podría resumirse la vida de la primera postulante a Santa de Bolivia.

¿Quién era Virginia Blanco Tardío?... la pregunta se queda resonando en el vacío y en muchos casos la respuesta se deja esperar. Eso a pesar de que a principios de este año su nombre fue pronunciado muchas veces por la prensa nacional, debido a que el papa Francisco reconoció en ella los méritos necesarios para comenzar el proceso de santificación y fue nombrada “Venerable Sierva de Dios”, un título que se da a una persona fallecida y reconocida por haber vivido las virtudes de manera heroica.

Esta condición la dio a conocer en el Vaticano el papa Francisco de manera oficial el 22 de enero de este año.

Dicha decisión fue asumida tras recibir en audiencia privada al cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y encargado de instruir estos procesos.

Ahora el siguiente peldaño para alcanzar la santificación es la beatificación. Para continuar con el proceso, la Iglesia católica de Bolivia es la encargada de presentar algunos casos de estudio, para cumplir con los requisitos solicitados por la Congregación de la Causa de los Santos del Vaticano, para su valoración y análisis.



UNA VIDA EJEMPLAR

Miguel Manzanera, sacerdote jesuita y vicario judicial del Arzobispado de Cochabamba, es la persona que comenzó el proceso de beatificación en 2001 y a la fecha es el encargado de seguir la causa. Es precisamente él quien revela detalles ordinarios de este personaje en una breve reseña; la cual vista desde una óptica de la fe, resulta extraordinaria.

Virginia Blanco Tardío nació en Cochabamba el 18 de abril de 1916 y murió por un paro cardíaco a los 74 años el 23 de julio de 1990.

Era hija de Don Luis Blanco Unzueta y Daría Tardío Quiroga, quienes tuvieron cuatro hijas: María Luisa, Rosa Virginia, Alicia y María Teresa.

Nacida dentro de un hogar religioso, Virginia fue bautizada en la Catedral de esta ciudad. De acuerdo a las personas que la conocieron, la vida y el amor de Blanco hacia su prójimo se acentuó cuando era estudiante del colegio de las Esclavas del Sagrado Corazón en Cochabamba, una congregación religiosa que llegó para formar a las niñas.

En esta institución educativa ella aprendió sobre el carisma ignaciano reparador y adquirió el hábito de la adoración y la oración diaria.

Su vida trascurrió normalmente entre sus actividades de la ciudad y sus vacaciones en una hacienda en el valle cochabambino. Allí fue donde Virginia Blanco comenzó a destacar como una catequista ejemplar.

Dictaba las clases en castellano y quechua, gracias a su cercanía con la gente del campo, pues quería preparar a los niños, jóvenes y adultos de origen campesino en los preceptos de la Iglesia católica.

Desde niña Virginia comenzó a mostrar sus inclinaciones hacia la literatura, donde volcó sus emociones en varios poemas dedicados a la Virgen; se cree que ese talento fue heredado de su abuelo Benjamín Blanco Unzueta, quien también era un hombre muy piadoso y de buen corazón.

Según Manzanera, al terminar su formación del colegio, Virginia se planteó la idea de ser monja, pero existieron dos motivos por los que sus planes se vieron truncados: el primero, su salud; ella se sentía demasiado frágil como para encarar la vida religiosa que según ella veía era bastante exigente y el segundo, que su padre, aparentemente, le pidió que se hiciera cargo de su madre hasta su muerte. Su progenitor falleció cuando ella tenía 18 años.



VIDA DE ENTREGA

Virginia Blanco recorrió un camino de entrega y trabajo laico en beneficio de los más necesitados.

A la muerte de su padre ella se tituló como profesora de religión, actividad que cumplió principalmente en el Liceo Adela Zamudio.

Según explicó Miguel Manzanera, Blanco se ganó el respeto y cariño de sus colegas debido a que era una persona muy amable, servicial, y porque era alguien que exponía sus ideas con convicción y seguridad.

Virginia, desde muy joven, fue militante activa de la Acción Católica Boliviana, y durante muchos años fue presidenta diocesana, primero de los jóvenes y luego de la Asociación de Mujeres.

Ya en 1962 fundaría el Grupo de Oración y Amistad, bajo la asesoría del jesuita Julián Sayos, que tuvo como fundadoras a algunas exalumnas del Colegio de las Esclavas del Sagrado Corazón.

Durante su vida, Virginia Blanco se encargó de trabajar por lo más necesitados, renunció a sus bienes materiales. Ante la pobreza de algunos sectores de la pobación, decidió abrir dos comedores populares, donde habían días que ofrecía alimentos a unas 300 personas.

Uno de los comedores funcionaba en la calle Santiváñez entre Junín y Hamiraya, y el otro en su domicilio particular en la calle Nataniel Aguirre, a pocos metros de la Plaza Principal.

“Había mucha hambruna en Bolivia, debido a la Revolución del 1952, cuando el Gobierno se encargó de expropiar las haciendas dando cumplimiento a la reforma agraria y los pobres eran la población más necesitada y pasaba hambre”, asegura Manzanera.

La hermana menor de Virginia, Teresa Blanco, a sus 93 años, recuerda que fue fiel compañera de su hermana en su misión. Para colaborar en su obra de caridad, realizaba manualidades que vendía para recaudar dinero.

También cuenta que su hermana frecuentemente llevaba a su casa a personas de escasos recursos para

para catequizarlas, darles algo de comer o dinero o en algunos casos simplemente escucharlas y darles su apoyo.

Manzanera también afirma que incluso ella iba personalmente a solicitar colaboración por las casas y comercios, pidiendo contribución de las personas para seguir con las obras sociales.



GRAN PERSONALIDAD

Carlos Sarabia, sobrino de la Venerable, la recuerda como una persona muy asertiva y de gran personalidad, que cuando se disponía a realizar alguna actividad no claudicaba y trabajaba tesoneramente para conseguir su objetivo.

Su labor fue reconocida mucho antes por su Santidad Pablo VI, quien reconoció los méritos de la Sierva de Dios, su entrega constante al servicio de la Iglesia y le concedió en diciembre de 1965 la condecoración “Pro Ecclesia et Pontifice”.

Virginia también se dio cuenta de las necesidades de salud emergentes en la población y abrió el 8 de diciembre de 1977, en su domicilio, el policonsultorio El Rosario, donde se atendía las especialidades de pediatría, medicina general y odontología.

En su momento, este policonsultorio fue la esperanza de muchas personas de escasos recursos económicos que no tenían dónde acudir cuando estaban enfermas.

En sus tiempos de descanso escribía versos religiosos y leía la Biblia, aunque también le gustaba dibujar. Era una experta hablando quechua y muchos de esos versos los escribió en la lengua que tanto le gustaba.

Su biografía señala que Virginia Blanco falleció de un paro cardíaco, habiéndose confesado y comulgado el día anterior y luego de haber recibido la unción de los enfermos.

Su hermana Teresa Blanco recuerda que la noche del velorio y el día del entierro el patio de la casa y gran parte de la acera de la calle estaba llena de la gente, precisamente de aquellos que tanto ayudaba y apoyaba.

Durante y después del entierro sus familiares, allegados y feligreses comentaban que por vivir para el otro, por ese desinterés en la moda, en el romance, en la vida de una señorita de alcurnia, Virginia Blanco fue incomprendida por la sociedad; puesto que no entendían por qué en lugar de disfrutar de una vida sin problemas, con las comodidades que en ese entonces tenía su familia, Virginia no dejaba de pensar en los demás, no se compraba ropa nueva, ni usaba joya alguna, rechazaba pretendientes y se la pasaba corriendo todo el día entre el comedor gratuito, el policonsultorio que atendía en su propia casa.

Además de su misión pastoral con la que fundó varios grupos de oración y voluntariado, y la enseñanza de la religión, de la que fue maestra en varias escuelas; trabajo por el que nunca cobró. Por todo esto llevó a las personas que la conocieron comenzaron a verla como una “Santa”.

Cuando Virginia murió dejó la casa a su hermana menor, María Teresa, con la condición de que ella continúe manteniendo las obras sociales. Durante varios años el policonsultorio siguió funcionando, pero finalmente se cerró por falta de recursos económicos.



proceso de beatificación

En abril de 2013, 22 obispos bolivianos enviaron una carta dirigida al cardenal Ángelo Amato, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, recomendando la causa de beatificación y canonización de la entonces Sierva de Dios Virginia Blanco. Es así como en menos de dos años, la Santa Sede terminó de revisar el “Positio”, un documento de 500 páginas, y el papa Francisco la declarará “Venerable”.

Ahora la Iglesia católica de Bolivia está realizando el seguimiento de la causa para alcanzar la cuarta etapa, donde se determinará si es o no una “beata” y que al final del proceso podría ser declarada “santa”.

Fernando Sarabia Blanco, sobrino de la venerable y colaborador del Postulador para la Causa P. Miguel Manzanera s.j. en el Vaticano, afirma que la causa está en espera de que abrir el proceso diocesano sobre un presunto milagro; es decir validar una curación que no tenga una explicación desde el punto de vista científico, atribuido a la intercesión de la Venerable Sierva de Dios acontecedero después de su muerte.

El padre Manzanera señala que la causa está encaminada y que los bolivianos tenemos muchas esperanzas de poder tenerla como Santa, ya que la Venerable Sierva de Dios Virginia Blanco tiene un camino preferencial abierto.

Fernando Sarabia señala que el proceso Romano, en la Congregación para las Causas de los Santos, puede ser acelerado debido a que la actual normativa canónica permite dar preferencia a la Causa de aquellos países en los que no exista ningún Santo ni Beato/a. De igual manera se tiene la esperanza de acortar la espera debido a que ella era una mujer laica.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario