Desde el 31 de octubre, Día de Angelitos, hasta el 1 y 2 de noviembre, cuando se celebra el Día de los Difuntos y Todos los Santos, las familias bolivianas se preparan para recibir a sus familiares que ya partieron. Aunque las masitas de temporada y las t’anta wawas son los principales elementos de la tradición de esta festividad, otros quizás poco visibles, también son parte fundamental de la cadena.
Como cada año, el país se prepara para cumplir con la festividad dedicada a la visita de las almas. De acuerdo con la tradición y la creencia popular los Angelitos (niños) llegan el 31 de octubre. El 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, al mediodía llegan las almas de los adultos; mientras que el 2 de noviembre se reconoce como el Día de Difuntos, jornada en que los espíritus dejarán el mundo terrenal a la misma hora que llegaron.
Durante su visita, los familiares les ofrecen alimentos que prefería en vida, y rezan por ellos.
En Sucre y Chuquisaca, esta festividad tiene el sabor especial del mondongo.
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domingo, 27 de octubre de 2019
jueves, 1 de noviembre de 2018
jueves, 9 de noviembre de 2017
viernes, 9 de noviembre de 2012
La gente bendijo a sus ‘ñatitas’ en el atrio del templo del Cementerio
El día de las “ñatitas” fue celebrado ayer con una menor asistencia al Cementerio General, de La Paz, con relación a 2011. Debido al cierre de las puertas de la iglesia antes del mediodía, sólo algunas calaveras fueron ingresadas al interior del templo, por lo que la fiesta se realizó en el atrio.
Cada 8 de noviembre, el principal camposanto de la urbe paceña es visitado por personas que traen a sus “ñatitas”, que son cráneos humanos a los que se les tiene devoción y agradecimiento por los favores que se les atribuye. Algunas son testas de familiares y otras fueron compradas u obsequiadas.
Este año, el número de calaveras disminuyó, según explicó el investigador y sociólogo David Mendoza, quien se encontraba en las afueras de la iglesia. “No veo mucha gente entrando a la capilla, en 2011 se vio más personas. Desde temprano no se podía ni llegar al Cementerio y este año hay lugares vacíos. Creo que ahora la gente no necesita venir a la iglesia, prefiere celebrar en su casa”.
Según Mendoza, la prohibición de las misas (desde hace seis años) y de la bendición por parte del párroco del templo provocaron el hecho. “La gente ya no cree necesario cumplir con el ritual. Sólo se reune aquí para ir luego a su local de ‘preste’ o se queda en su casa”.
Desilusión. Mientras sostenía una urna que contenía a su “ñatita” de nombre Juanito, Maura Meneses dio la razón al investigador. “Desde hace diez años vengo al mediodía para la bendición y ahora me extraña que cierren las puertas tan temprano. (...) Al año ya no voy a venir, prefiero ponerle su velita, rezarle y servirme un platito en mi casa”.
La misma desilusión se notó en varias personas que llegaron después de las 11.15 y se encontraron con las puertas cerradas de la iglesia. Algunos optaron por tomar los recipientes que contenían el agua bendita y derramaron el líquido sobre sus calaveras.
Otros, como Juan Valle, salpicaron con agua a las “ñatitas” de quienes no se animaban a hacerlo. “Yo quería ayudar para que la gente no se aglomere. A falta del padre, he tenido que improvisar con los recipientes”, dijo.
César Quenta, uno de los trabajadores de la iglesia, explicó que el templo abrió las puertas a las 09.00 y que en la mañana el párroco (Jaime Fernández) brindó, en dos ocasiones, palabras de reflexión y contra el paganismo. “Cerramos más temprano porque teníamos que hacer limpieza para atender los entierros de la tarde”, arguyó. La gente que pudo ingresar a sus “ñatitas” comentó que lo más importante era la fiesta de agradecimiento que se realizaría en las casas o locales.
En los alrededores de la capilla se notó el aumento en el número de dúos, tríos y hasta orquestas que interpretaron música en vivo. Boleros, huayños, bailecitos y morenadas compitieron por el reconocimiento y clientes. Uno de los tríos más requeridos, Los Foráneos, cobró entre Bs 5 o Bs 10 por canción interpretada. Otros cobraron por hora y fueron convocados para ir a los domicilios.
Hubo un control minucioso
140 efectivos de la Guardia Municipal, Policía y funcionarios ediles controlaron las ocho puertas del Cementerio General, para dar seguridad a las personas que participaron de la festividad. Se controló el ingreso de bebidas alcohólicas, personas en estado de ebriedad y antisociales.
Devotos de las “ñatitas” las agasajan con música nacional
Desde la puerta del Cementerio General, filas de policías y guardias municipales controlan la entrada de cientos de personas que caminan no sin dificultad hacia la iglesia, unos cargando flores y otros llevando vistosos estandartes con calaveras bordadas.
De pronto, la multitud se abre para dar paso a las invitadas de honor, que son recibidas con una lluvia de pétalos de flores, con cigarrillos y velas: entran en vistosas cajas, unas de vidrio con marcos de plata, en brazos de sus guardianes y devotos.
Después de una breve estancia en la iglesia, las calaveras, con sombreros y pelucas, con gafas de sol y coronas de flores, son llevadas hasta algún sitio especial.
En el trayecto, grupos de músicos ofrecen sus servicios: cobran 15 bolivianos por canción.
Ellos cantan de todo, desde cuecas hasta morenadas, pasando por huayños y rancheras. “Lo que quiera la familia se lo cantamos para la ‘ñatita’”, explica uno de los músicos.
Algunos grupos han llegado desde lejos sólo por este día. El conjunto musical de Marcela Huaro viene todos los años desde el sur de Perú para tocar huayños y expresar su devoción a “Pedrito”, la “ñatita” de la familia Orozco, para la que alguna vez interpretó algo de su repertorio.
“Hace siete años yo vivía en Bolivia, en la casa de los Orozco y el ‘Pedrito’ me cuidaba, así que cuando me fui le prometí que volvería para cantarle”, dice Huaro, quien reconoce que esta festividad también es una ocasión para ganar algo de dinero para su familia que vive en Perú.
Desde hace dos décadas
Wálter Tatake Quisbert coloca un cigarro más en la boca de “Carlos”, su “ñatita”, mientras una creyente esparce pétalos de flores sobre el cráneo y eleva una oración.
Quisbert señala que tiene a “Carlitos” desde hace 20 años; en vida era un tío muy querido por el ex boxeador, luchador y basquetbolista. “Desde que la tengo cuida de mí y de mi casa, es una presencia generosa y siempre cumple con lo que le piden”, asegura.
La familia de Doris Peña tiene a “Francisca” desde hace una década. “Ya hace diez años que después de la bendición nos sentamos aquí”, afirma. Doris agrega que es devota desde que “Francisca” le advirtió sobre un accidente que sufriría su hermano. Cuenta que la noche del accidente “Francisca” se le apareció en sueños y le anunció el siniestro, pero le aseguró que ella cuidaría de su hermano.
“Mi hermano salió con algunos rasguños, pero sus amigos murieron esa noche”, aseguró Peña.
De pronto, la multitud se abre para dar paso a las invitadas de honor, que son recibidas con una lluvia de pétalos de flores, con cigarrillos y velas: entran en vistosas cajas, unas de vidrio con marcos de plata, en brazos de sus guardianes y devotos.
Después de una breve estancia en la iglesia, las calaveras, con sombreros y pelucas, con gafas de sol y coronas de flores, son llevadas hasta algún sitio especial.
En el trayecto, grupos de músicos ofrecen sus servicios: cobran 15 bolivianos por canción.
Ellos cantan de todo, desde cuecas hasta morenadas, pasando por huayños y rancheras. “Lo que quiera la familia se lo cantamos para la ‘ñatita’”, explica uno de los músicos.
Algunos grupos han llegado desde lejos sólo por este día. El conjunto musical de Marcela Huaro viene todos los años desde el sur de Perú para tocar huayños y expresar su devoción a “Pedrito”, la “ñatita” de la familia Orozco, para la que alguna vez interpretó algo de su repertorio.
“Hace siete años yo vivía en Bolivia, en la casa de los Orozco y el ‘Pedrito’ me cuidaba, así que cuando me fui le prometí que volvería para cantarle”, dice Huaro, quien reconoce que esta festividad también es una ocasión para ganar algo de dinero para su familia que vive en Perú.
Desde hace dos décadas
Wálter Tatake Quisbert coloca un cigarro más en la boca de “Carlos”, su “ñatita”, mientras una creyente esparce pétalos de flores sobre el cráneo y eleva una oración.
Quisbert señala que tiene a “Carlitos” desde hace 20 años; en vida era un tío muy querido por el ex boxeador, luchador y basquetbolista. “Desde que la tengo cuida de mí y de mi casa, es una presencia generosa y siempre cumple con lo que le piden”, asegura.
La familia de Doris Peña tiene a “Francisca” desde hace una década. “Ya hace diez años que después de la bendición nos sentamos aquí”, afirma. Doris agrega que es devota desde que “Francisca” le advirtió sobre un accidente que sufriría su hermano. Cuenta que la noche del accidente “Francisca” se le apareció en sueños y le anunció el siniestro, pero le aseguró que ella cuidaría de su hermano.
“Mi hermano salió con algunos rasguños, pero sus amigos murieron esa noche”, aseguró Peña.
jueves, 8 de noviembre de 2012
Una familia tiene dos “ñatitas” con una veintena de devotos
Desde hace 12 años, el domicilio de Juana Conde de Limachi se ha convertido en una suerte de altar, donde cada lunes una veintena de personas acude para pedir favores y agradecer los ya recibidos, a los pies de Rosalinda y Mariano, dos “ñatitas” (cráneos humanos) a las que se les atribuyen milagros.
Flores, velas, coca y fruta son algunos de los obsequios que los devotos ofrecen a las “ñatitas”, ubicadas en una sala especial que la familia Limachi Conde acondicionó en su residencia, de la zona Puente Topáter.
Hoy es el día de las “ñatitas”, una celebración popular que ganó adeptos en los últimos años y que, según los expertos, tiene elementos cristianos y paganos. De hecho, hay sacerdotes que objetan el ingreso de las calaveritas en una iglesia católica, mientras que otros celebran misa en las casas de quienes las acogen.
Juana y su esposo, Félix Limachi, son devotos de las “ñatitas” desde hace 25 años. Tuvieron a Mariano hace 12 años, cuando una familia se lo entregó. “No sabíamos qué se llamaba. Una noche soñé con un hombre que me gritaba muy fuerte, parecía mexicano y me decía cuatro veces que su nombre era Mariano”, recordó Juana.
En tanto, Rosalinda llegó hace cinco años a la familia. Inicialmente estuvo en manos de estudiantes de medicina, que por motivos de estudio desenterraron los restos de una difunta de nombre Rosa. Al tenerla, los Limachi Conde le cambiaron el nombre por Rosalinda.
Las dos “ñatitas” tienen sus fieles devotos que cada lunes les ofrecen flores, coca, velas y frutas, y les dedican oraciones en busca de sus bendiciones.
“Se les reza Padre Nuestro, Ave María y Gloria. Se finaliza la oración con la frase ‘que se reciba la oración’”, cuenta Juana.
En esta jornada, Juana dice que llevará a sus dos “ñatitas” a la iglesia del Cementerio General de La Paz para que sean bendecidas con una eucaristía. Después, las agasajará en su casa junto a sus más allegados y los devotos más fieles. “Recibiremos a las visitas y compartiremos un platito y cerveza”.
Flores, velas, coca y fruta son algunos de los obsequios que los devotos ofrecen a las “ñatitas”, ubicadas en una sala especial que la familia Limachi Conde acondicionó en su residencia, de la zona Puente Topáter.
Hoy es el día de las “ñatitas”, una celebración popular que ganó adeptos en los últimos años y que, según los expertos, tiene elementos cristianos y paganos. De hecho, hay sacerdotes que objetan el ingreso de las calaveritas en una iglesia católica, mientras que otros celebran misa en las casas de quienes las acogen.
Juana y su esposo, Félix Limachi, son devotos de las “ñatitas” desde hace 25 años. Tuvieron a Mariano hace 12 años, cuando una familia se lo entregó. “No sabíamos qué se llamaba. Una noche soñé con un hombre que me gritaba muy fuerte, parecía mexicano y me decía cuatro veces que su nombre era Mariano”, recordó Juana.
En tanto, Rosalinda llegó hace cinco años a la familia. Inicialmente estuvo en manos de estudiantes de medicina, que por motivos de estudio desenterraron los restos de una difunta de nombre Rosa. Al tenerla, los Limachi Conde le cambiaron el nombre por Rosalinda.
Las dos “ñatitas” tienen sus fieles devotos que cada lunes les ofrecen flores, coca, velas y frutas, y les dedican oraciones en busca de sus bendiciones.
“Se les reza Padre Nuestro, Ave María y Gloria. Se finaliza la oración con la frase ‘que se reciba la oración’”, cuenta Juana.
En esta jornada, Juana dice que llevará a sus dos “ñatitas” a la iglesia del Cementerio General de La Paz para que sean bendecidas con una eucaristía. Después, las agasajará en su casa junto a sus más allegados y los devotos más fieles. “Recibiremos a las visitas y compartiremos un platito y cerveza”.
lunes, 5 de noviembre de 2012
Todos Santos: Cuando los difuntos vuelven a la Tierra
Todos Santos es una fiesta popular boliviana, para muchos cargada de costumbres y tradiciones, pero nos atrevemos a decir, aunque muchos no crean, en una fecha mágica, porque es cuando los difuntos vuelven a la Tierra para "reencontrarse" (simbólicamente) con sus seres queridos.
Para tal efecto, los dolientes se encargan con esmero de preparar una serie de manjares que son armados en la denominada tumba, donde se colocan los platillos que le gustó al difunto en vida. También se preparan bebidas, golosinas y se adornan con las tradicionales tantawawas, que según la tradición oral, son evocaciones en masas de las personas que dejaron este mundo.
Cada familia, tiene su estilo de armar las tumbas, que son adornadas de acuerdo a la creatividad e imaginación. Obviamente nunca faltan las flores y las velas, así como el agua.
Se dice que a las 12:00 horas del 1 de Noviembre llegan las almitas y permanecen 24 horas, para después abandonar satisfechas, tras haber compartido con sus seres queridos. Sus manjares son repartidos entre los vivos, que tienen que ser ajenas a la familia doliente, como una señal de buen augurio y que la muerte no rondará ese domicilio por buen tiempo.
Luego, como un homenaje póstumo, los dolientes visitan el cementerio para estar cerca del cuerpo sin vida de sus seres queridos, que se despidieron por distintas circunstancias este mundo y que volverán en el imaginario una vez al año, en la fiesta de Todos Santos.
Para tal efecto, los dolientes se encargan con esmero de preparar una serie de manjares que son armados en la denominada tumba, donde se colocan los platillos que le gustó al difunto en vida. También se preparan bebidas, golosinas y se adornan con las tradicionales tantawawas, que según la tradición oral, son evocaciones en masas de las personas que dejaron este mundo.
Cada familia, tiene su estilo de armar las tumbas, que son adornadas de acuerdo a la creatividad e imaginación. Obviamente nunca faltan las flores y las velas, así como el agua.
Se dice que a las 12:00 horas del 1 de Noviembre llegan las almitas y permanecen 24 horas, para después abandonar satisfechas, tras haber compartido con sus seres queridos. Sus manjares son repartidos entre los vivos, que tienen que ser ajenas a la familia doliente, como una señal de buen augurio y que la muerte no rondará ese domicilio por buen tiempo.
Luego, como un homenaje póstumo, los dolientes visitan el cementerio para estar cerca del cuerpo sin vida de sus seres queridos, que se despidieron por distintas circunstancias este mundo y que volverán en el imaginario una vez al año, en la fiesta de Todos Santos.
sábado, 3 de noviembre de 2012
Masiva afluencia a pesar del aguacero matinal
A poyada a su bastón y cargando un clavel color rojo en la mano izquierda, la señora Peregrina Pérez de 94 años de edad, desafió al clima variable que se presentó ayer en la ciudad, para llegar al reencuentro con su esposo y su hijo quienes pasaron a mejor vida hace 12 años y cuyos restos reposan en el cementerio La Cuchilla.
"Lo hago cada año y no dejaré de hacerlo en tanto Dios y mis piernas me lo permitan. Ellos nunca me abandonan desde el cielo y hoy que vienen a mi no los dejaría solos aunque haya tormenta", dijo la anciana natal de Vallegrande, que llegó acompañada por tres de sus hijos a este campo santo .
"Cuando Dios se los llevó, no podía comprender la manera en que lo hizo y pese a que trato de resignarme, mis sentimientos me ganan para no poder hacerme la idea de que los perdí", dice con la voz entrecortada la anciana mientras asienta el clavel y prende una vela junto al retrato de sus seres queridos que fallecieron tras un fatal accidente.
En circunstancias diversas los sentimientos fueron uno. Al igual que ella, miles de familias llegaban hasta ayer a este como otros cementerios de la ciudad en conmemoración al día de los difuntos.
Si bien la intensa lluvia que se produjo desde la madrugada y que se prolongó hasta casi el medio día, causó el desistimiento de muchas personas de los campo santos por la mañana, aunque por la tarde las visitas empezaron a colmar los espacios sagrados hasta altas horas de la noche.
Sin embargo, los que sintieron aún más las complicaciones del clima fueron aquellas personas que tienen sus difuntos en cementerios que no son administrados por el municipio ya que agua caída no fue una buena combinación con la maleza que había acumulada ante la falta de mantenimiento.
Pese a las circunstancias, mucha gente humilde supo hacerle frente a los obstáculos que no evitaron los sentimientos y recuerdos por los seres que perdieron.
Tal es el caso de la señora Bior Melgar que llegó hasta el cementerio Isuto, ubicado en el barrio Oriental.
Acompañada de sus dos hijos menores y con un paquete de velas la mujer aprovechó el escaso tiempo del que disponía para elevar una plegaria a su pequeño Kevin, a quien perdió hace 14 años "En un principio no comprendí la razón de su partida, pero luego comprendí que Dios lo eligió para que me ilumine desde arriba y para ayudarme a proteger a mis niños", expresó la joven madre.
Entre controles y creencias la gente honró a sus difuntos. Entre tanto las celebraciones en los cementerios municipales de la ciudad se celebraba en medio de una diversidad de creencias y ritos que dejaron en claro el sincretismo que hay en el departamento, pues además de oraciones, flores y velas, la música la comida y hasta bebidas (pese a su prohibición), fueron la mejor manera de manifestar los sentimientos y nostalgias por la partida de aquel ser que dejó de existir para el mundo.
Tal es el caso del cementerio La Cuchilla, donde los costumbres y creencias estuvieron por encima de los controles y prohibiciones que estableció el Municipio.
"Se debe respetar las normas, pero también se deben respetar las costumbres y creencias de las personas que queremos manifestar nuestro amor hacia las almas que ya partieron", dijo Delina Vela, una de las tantas personas que preparó una ritos que implicaban la entrega de masitas y alimentos a quienes eleven una plegaria por su familiar.
La mujer también contrató un músico para que entonara los ritmos que gustaban a su progenitora en vida.
Finalmente reinó la abnegación hacia los difuntos.
Entre tanto, en los cementerios y jardines privados de la ciudad, se vivió una jornada tranquila aunque también marcada por el cumplimiento de las instructivas impuestos por las administraciones correspondientes.
Feriado santo
La fiesta también generó movimiento comercial y caos
La fiesta de Todos Santos fue una oportunidad para que muchas personas se reencuentren con el alma de sus seres queridos fallecidos. Sin embargo, esta festividad también significó una oportunidad para que muchas personas puedan generarse ingresos extras.
Las floristas, lideraron las ganancias. Sin duda que los comerciantes de flores fueron los más aventajados por la festividad, pues el bajo costos de los arreglos provocó una alta demanda de la gente para dar un aspecto estético de sus nichos y mauzoleos.
La oferta también fue excesiva, ya que el comercio de las mismas copó las calles y aceras cercanas a los cementerios.
La venta de velas fue otro de los negocios asegurados de los comerciantes ambulantes.
Sin embargo, el movimiento comercial que se generó no se limitó a las necesidades propias de la festividad ya que en los alrededores de los cementerios se vendían desde sombrillas e impermeables para la lluvia, hasta discos y juguetes para niños lo que complicó aún más el tráfico, el ingreso de las visitas.
Pese al control y la presencia de efectivos Policiales y Municipales, el tráfico se tornó caótico en horas de la tarde cuando se sucedió la mayor cantidad de visitas.
Vecinos hacen pesos extras Por otro lado los propietarios de las viviendas cercanas a la zona de alta afluencia, también aprovecharon para generar ingresos a través del alquiler de parqueos y baños.
Muchos también optaron por montar el comercio de comidas y bebidas que tuvieron buena demanda de los visitantes de cementerios.
"Lo hago cada año y no dejaré de hacerlo en tanto Dios y mis piernas me lo permitan. Ellos nunca me abandonan desde el cielo y hoy que vienen a mi no los dejaría solos aunque haya tormenta", dijo la anciana natal de Vallegrande, que llegó acompañada por tres de sus hijos a este campo santo .
"Cuando Dios se los llevó, no podía comprender la manera en que lo hizo y pese a que trato de resignarme, mis sentimientos me ganan para no poder hacerme la idea de que los perdí", dice con la voz entrecortada la anciana mientras asienta el clavel y prende una vela junto al retrato de sus seres queridos que fallecieron tras un fatal accidente.
En circunstancias diversas los sentimientos fueron uno. Al igual que ella, miles de familias llegaban hasta ayer a este como otros cementerios de la ciudad en conmemoración al día de los difuntos.
Si bien la intensa lluvia que se produjo desde la madrugada y que se prolongó hasta casi el medio día, causó el desistimiento de muchas personas de los campo santos por la mañana, aunque por la tarde las visitas empezaron a colmar los espacios sagrados hasta altas horas de la noche.
Sin embargo, los que sintieron aún más las complicaciones del clima fueron aquellas personas que tienen sus difuntos en cementerios que no son administrados por el municipio ya que agua caída no fue una buena combinación con la maleza que había acumulada ante la falta de mantenimiento.
Pese a las circunstancias, mucha gente humilde supo hacerle frente a los obstáculos que no evitaron los sentimientos y recuerdos por los seres que perdieron.
Tal es el caso de la señora Bior Melgar que llegó hasta el cementerio Isuto, ubicado en el barrio Oriental.
Acompañada de sus dos hijos menores y con un paquete de velas la mujer aprovechó el escaso tiempo del que disponía para elevar una plegaria a su pequeño Kevin, a quien perdió hace 14 años "En un principio no comprendí la razón de su partida, pero luego comprendí que Dios lo eligió para que me ilumine desde arriba y para ayudarme a proteger a mis niños", expresó la joven madre.
Entre controles y creencias la gente honró a sus difuntos. Entre tanto las celebraciones en los cementerios municipales de la ciudad se celebraba en medio de una diversidad de creencias y ritos que dejaron en claro el sincretismo que hay en el departamento, pues además de oraciones, flores y velas, la música la comida y hasta bebidas (pese a su prohibición), fueron la mejor manera de manifestar los sentimientos y nostalgias por la partida de aquel ser que dejó de existir para el mundo.
Tal es el caso del cementerio La Cuchilla, donde los costumbres y creencias estuvieron por encima de los controles y prohibiciones que estableció el Municipio.
"Se debe respetar las normas, pero también se deben respetar las costumbres y creencias de las personas que queremos manifestar nuestro amor hacia las almas que ya partieron", dijo Delina Vela, una de las tantas personas que preparó una ritos que implicaban la entrega de masitas y alimentos a quienes eleven una plegaria por su familiar.
La mujer también contrató un músico para que entonara los ritmos que gustaban a su progenitora en vida.
Finalmente reinó la abnegación hacia los difuntos.
Entre tanto, en los cementerios y jardines privados de la ciudad, se vivió una jornada tranquila aunque también marcada por el cumplimiento de las instructivas impuestos por las administraciones correspondientes.
Feriado santo
La fiesta también generó movimiento comercial y caos
La fiesta de Todos Santos fue una oportunidad para que muchas personas se reencuentren con el alma de sus seres queridos fallecidos. Sin embargo, esta festividad también significó una oportunidad para que muchas personas puedan generarse ingresos extras.
Las floristas, lideraron las ganancias. Sin duda que los comerciantes de flores fueron los más aventajados por la festividad, pues el bajo costos de los arreglos provocó una alta demanda de la gente para dar un aspecto estético de sus nichos y mauzoleos.
La oferta también fue excesiva, ya que el comercio de las mismas copó las calles y aceras cercanas a los cementerios.
La venta de velas fue otro de los negocios asegurados de los comerciantes ambulantes.
Sin embargo, el movimiento comercial que se generó no se limitó a las necesidades propias de la festividad ya que en los alrededores de los cementerios se vendían desde sombrillas e impermeables para la lluvia, hasta discos y juguetes para niños lo que complicó aún más el tráfico, el ingreso de las visitas.
Pese al control y la presencia de efectivos Policiales y Municipales, el tráfico se tornó caótico en horas de la tarde cuando se sucedió la mayor cantidad de visitas.
Vecinos hacen pesos extras Por otro lado los propietarios de las viviendas cercanas a la zona de alta afluencia, también aprovecharon para generar ingresos a través del alquiler de parqueos y baños.
Muchos también optaron por montar el comercio de comidas y bebidas que tuvieron buena demanda de los visitantes de cementerios.
Cementerios paceños reciben miles de visitas
Sentada frente a una tumba, llorando y pidiendo protección, Magda Cáceres despidió el alma de su madre en el Cementerio General de La Paz. Curiosamente y a diferencia de los demás altares, había dos muñecas frente a ella. "Ella me las hizo. Decía que no compraba muñecas porque no tenían el corazón que ella les ponía a las suyas". Al igual que ella; miles de devotos se dieron cita los camposantos de la urbe paceña para despedir las almas de sus difuntos, en medio de música autóctona y mariachis, comida, bebida y todo lo que lo que gustaba al ser querido que partió.
Música y lágrimas presentes. Con un estricto control policial y una concurrencia que bordeó las 60 mil personas, el principal cementerio de la urbe paceña fue escenario de expresiones y ritos en la jornada de Todos Santos.
"Mamita, te espero al año", así se despidió Magda, a dos años de la muerte de su progenitora, reconociendo que en vida "no le di el tiempo que se merecía".
Alrededor de ella centenares de personas lloraban a sus difuntos acompañados de música autóctona interpretada en su mayoría por niños y jóvenes.
"¿Dónde te has ido?¿De dónde has venido?", coreaban familias al despedirse de las almas en una festividad arraigada en todo el país. Por Bs 5 niños oraban y cantaban en las tumbas y otros por Bs 10 las limpiaban.
Venta de flores y comida. La oferta de las flores y la comida no faltó en la jornada con comerciantes que se apostaron en las puertas de los camposantos. Los lirios, las rosas y los claves fueron los más cotizados para adornar las tumbas de los difuntos.
"La docena de lirios está a Bs 40, la de rosas a Bs 45 y claveles tengo desde Bs 2 bolivianos cada uno", ofrecía Justina Quispe en su puesto de flores.
Tumba más visitada. En este día, y a 15 años de su partida, la tumba del radialista y fundador del desaparecido partido Conciencia de Patria (Condepa), Carlos Palenque, continúa siendo una de las más visitadas por los paceños que recuerdan su vocación por la gente de escasos recursos.
Por eso sus simpatizantes continúan visitando su tumba, ubicada en el sector de notables del camposanto paceño junto al padre Luis Espinal.
Ofrendas florales, tantawawas y tantaachachis (panes con forma de niños y de abuelos, respectivamente) se depositaron en la tumba del recordado "compadre Palenque". "Siempre vengo porque era un hombre con corazón de oro, porque no pensaba solo en él, sino en la gente pobre y estoy seguro que está en el cielo y seguiré viniendo hasta el día que Dios me llame", dijo uno de los tantos vecinos.
Música y lágrimas presentes. Con un estricto control policial y una concurrencia que bordeó las 60 mil personas, el principal cementerio de la urbe paceña fue escenario de expresiones y ritos en la jornada de Todos Santos.
"Mamita, te espero al año", así se despidió Magda, a dos años de la muerte de su progenitora, reconociendo que en vida "no le di el tiempo que se merecía".
Alrededor de ella centenares de personas lloraban a sus difuntos acompañados de música autóctona interpretada en su mayoría por niños y jóvenes.
"¿Dónde te has ido?¿De dónde has venido?", coreaban familias al despedirse de las almas en una festividad arraigada en todo el país. Por Bs 5 niños oraban y cantaban en las tumbas y otros por Bs 10 las limpiaban.
Venta de flores y comida. La oferta de las flores y la comida no faltó en la jornada con comerciantes que se apostaron en las puertas de los camposantos. Los lirios, las rosas y los claves fueron los más cotizados para adornar las tumbas de los difuntos.
"La docena de lirios está a Bs 40, la de rosas a Bs 45 y claveles tengo desde Bs 2 bolivianos cada uno", ofrecía Justina Quispe en su puesto de flores.
Tumba más visitada. En este día, y a 15 años de su partida, la tumba del radialista y fundador del desaparecido partido Conciencia de Patria (Condepa), Carlos Palenque, continúa siendo una de las más visitadas por los paceños que recuerdan su vocación por la gente de escasos recursos.
Por eso sus simpatizantes continúan visitando su tumba, ubicada en el sector de notables del camposanto paceño junto al padre Luis Espinal.
Ofrendas florales, tantawawas y tantaachachis (panes con forma de niños y de abuelos, respectivamente) se depositaron en la tumba del recordado "compadre Palenque". "Siempre vengo porque era un hombre con corazón de oro, porque no pensaba solo en él, sino en la gente pobre y estoy seguro que está en el cielo y seguiré viniendo hasta el día que Dios me llame", dijo uno de los tantos vecinos.
viernes, 2 de noviembre de 2012
Las apachetas
En la festividad de Todos los Santos, las familias también se volcaron a ofrecer flores, oraciones, velas y masitas a sus difuntos en las apachetas que se construyeron en las principales avenidas de la ciudad.
Una de ellas fue Julia Mamani que le llevó flores y puso velas a su hermano Agustín, quien hace un año falleció en un accidente en la población de Vitichi (Potosí). Aunque sus restos están enterrados en el Cementerio de Lajastambo la familia le construyó una apacheta en la avenida Juana Azurduy de Padilla.
Según la tradición, las apachetas se construyen para las personas que fallecen en accidentes y las familias deben “trasladar” su alma a un lugar donde haya otras personas que murieron en las mismas circunstancias y también cerca de donde vive la familia, con el objetivo de que no sufra el alma.
“En lugares donde hay silencio, la almita sufre, incluso el diablo puede tentar y por eso nos lo traemos así nomás, sino llevamos un cura para que traiga aquí. En el campo nadie le puede visitar al alma, pero aquí sobre el camino siempre alguien se va a acordar”, explicó Luis Choque, otro doliente que ayer visitó a su familiar en la apacheta.
Una de ellas fue Julia Mamani que le llevó flores y puso velas a su hermano Agustín, quien hace un año falleció en un accidente en la población de Vitichi (Potosí). Aunque sus restos están enterrados en el Cementerio de Lajastambo la familia le construyó una apacheta en la avenida Juana Azurduy de Padilla.
Según la tradición, las apachetas se construyen para las personas que fallecen en accidentes y las familias deben “trasladar” su alma a un lugar donde haya otras personas que murieron en las mismas circunstancias y también cerca de donde vive la familia, con el objetivo de que no sufra el alma.
“En lugares donde hay silencio, la almita sufre, incluso el diablo puede tentar y por eso nos lo traemos así nomás, sino llevamos un cura para que traiga aquí. En el campo nadie le puede visitar al alma, pero aquí sobre el camino siempre alguien se va a acordar”, explicó Luis Choque, otro doliente que ayer visitó a su familiar en la apacheta.
‘Ñatitas’, las calaveras que cuidan la casa
Cada año, Adela, una awicha de 74 años, enciende velas rojas frente a dos “ñatitas” (cráneos humanos) que asienta en una mesa en su domicilio. “Hago esto cada 8 de noviembre porque ellas me protegen desde hace 12 años. Una cuida que no entren los ladrones a mi casa y la otra se ocupa de que nunca falte nada en mi hogar”.
Una costumbre escalofriante para algunos, es parte de la tradición para otros como Adela, que guarda estos cráneos que le dejaron encargados hace mucho tiempo y cuyos propietarios nunca más volvieron por ellos. “Pongo un mantel blanco sobre una mesa en algún ambiente de mi casa y luego saco a las ‘ñatitas’ de la urna de cristal donde las tengo guardadas el resto del año. Les pongo fruta y muchas flores a su alrededor para agradecerles por lo que hacen por mí”.
Juana, de 76 años, cuenta que su calavera ha evitado que pierda muchas veces una serie de juicios que tiene por resolver y además ahuyentó a la mala suerte en sus negocios. “Cuando viajo y dejo sola mi casa, armo una mesa frente a la puerta de entrada por dentro del departamento y la dejo como guardiana con un poco de agua y galletas para que lo cuide mientras me ausento”.
La tradición
Las “ñatitas” suelen pertenecer a un desconocido y llegar a casa de formas diversas. Ayudan a sus dueños en la educación, salud, amor, viajes, negocio y otros. La condición es cuidarla todo el año, limpiarla, cubrirla con un gorro y otras atenciones.
Cuestión de fe
Si bien es una costumbre muy enraizada, la religión Católica y las iglesias cristianas se oponen rotundamente a esta práctica en que, por ejemplo, las calaveras son azotadas para que aparezcan objetos perdidos.
Humo
El 8 de noviembre se lleva a las ‘ñatitas’ al cementerio para agradecerles por los favores recibidos y se les hace fumar porque se dice que con el humo se van la maldad, la envidia y la enfermedad.
El mast’aku fue armado al lado del altar de la Catedral valluna
Las almas de los difuntos fueron recibidas con un mast’aku (mesa de Todos Santos) armado en la catedral Metropolitana por primera vez. Llamó la atención de creyentes, que aprovecharon para dar oraciones para sus difuntos.
Con el repique de campanas, al mediodía de ayer, la Catedral recibió a los “fieles difuntos”. Algunos urphus, misk’i bolas, galletas y t’antawawas fueron colocados en el mast’aku colorido instalado a un lado del altar del santuario. El personal eclesial fue el encargado de armar el altar para luego iniciar la celebración eucarística, que fue presidida por el arzobispo de Cochabamba, Tito Solari.
La mesa para difuntos llamó la atención de los creyentes que fueron para escuchar la misa. El mast’aku sirvió no sólo para rezar por los santos y sacerdotes fallecidos, sino también para que la gente eleve oraciones por sus seres queridos. Algunos niños recibieron una bolsa con dulces y masas, después de orar.
Homilía. La actividad se desarrolló luego de la Eucaristía, en la que Solari resaltó la celebración de Todos Santos y la importancia de recordar, “de manera muy especial a las llamadas almas” que están en el purgatorio, el cielo o el infierno. “Algunos necesitan todavía nuestra oración, intersección, ofrenda, sacrifico, súplica y una eucaristía, con esto podemos colaborar para que las almas lleguen al cielo”, expresó el clérigo.
Al igual que la Iglesia Católica, algunas instituciones, organizaciones sociales, y población en general esperaron a las almas de sus difuntos con panes y dulces, con la comida y bebida que más les gustaba en vida. Otros se volcaron al Cementerio General para limpiar los nichos, colocar flores y evitar la aglomeración de esta jornada en la que se espera a miles de visitantes.
Para hoy, la Alcaldía de Cochabamba preparó un cronograma de actividades que se realizarán en el Cementerio General de la ciudad. A las 07.00 se ofrecerá un desayuno para los niños y niñas trabajadores del camposanto; a las 07.30, una misa en memoria de los difuntos y desde las 09.00 se realizará el tradicional mast’aku para los visitantes.
Qué es el Mast’aku
Es una mesa que tiene los alimentos que más gustaban al difunto. Tiene variedad de panes, masitas, dulces, frutas, bebidas y platos diversos.
Son los días del año en los que más se reza
Durante la celebración de Todos Santos se reza más que en otros días del año, incluidas las festividades religiosas, aseguró ayer el párroco de la iglesia Señor de la Sentencia (de Villa Armonía), Marcelino Chuquimia.
La actitud y hábitos cambian para bien, según el religioso. “Justamente, en estos días (1 y 2 de noviembre) rezamos mucho más que en cualquier día del año, incluidas las fiestas patronales. Lo hacemos por nuestros difuntos y por nosotros que aún estamos caminando, o sea por los vivos y por los muertos”, manifestó.
El religioso resaltó que la solidaridad es otra de las características de esta época, porque los creyentes tienden a ser más fraternales. “En estos días se da pan a la gente muy necesitada que va a los cementerios y reza por los difuntos. Estamos dando comida al que no tiene”, expresó el padre. Además, señaló que es habitual que las familias se unan para orar en nombre de su ser querido. “Los muertos reúnen a los vivos”.
Chuquimia opinó que ante este sentimiento, es importante cultivar y no olvidar esta tradición, razón por la que hace 12 años el religioso permite el armado de una mesa en su parroquia.
“Las comunidades que tenemos en la zona se turnan para armar el altar de difuntos, esta vez le tocó a San Juan. Las personas dejan sus panes con el nombre de su ser querido”, dijo. Al igual que en esta iglesia, otras también abrieron sus puertas para armar las mesas. San Miguel, de la zona Sur; Nuestra Señora de las Nieves; Jesús Obrero; y Santa María de El Alto son algunas de las parroquias donde se armaron las mesas tradicionales para los difuntos.
El difunto abuelo les enseñó a armar la mesa para las almas
El 1 de noviembre, día de la celebración de Todos los Santos, Helen Quisbert, quien cree en esta tradición, a eso de las 10:00 sale presurosa de su casa, ubicada en la calle Chuquiago de la zona Villanueva Potosí , para realizar las compras que le hacen falta con el fin de armar la mesa de ofrendas para sus familiares fallecidos.
Se encamina, como todos los años, a los alrededores del Cementerio General, donde compra dulces, frutas, pasankallas, caña de azúcar, velas y flores.
A las 11:00, cuando ya ha adquirido todo lo que considera necesario, toma un taxi para retornar rápidamente a su casa, porque se acerca la hora en que las almas, según la creencia popular, visitan las casas de sus deudos vivos. A Helen aún le falta armar la mesa para recibir a los que ya se fueron.
En su residencia la espera su tía Marta Marca; llega a eso de las 11:20. Su tía cocina una sopa de fideo y como plato principal un ají de arvejas que, según Helen, es lo típico del menú de esta fecha.
Helen prepara la mesa para los difuntos en la sala, adonde lleva todos los productos que ha comprado. En una esquina, sobre la mesa del comedor, ha extendido el poncho de su difunto abuelo, que en esta celebración usa como un simbólico mantel que cubre la mesa para las ofrendas; explica que en la mesa, según la tradición, deben, en lo posible, estar las cosas preferidas de los fallecidos. “Éste era el poncho favorito de mi abuelo: se lo dejó a mi tía; cada año lo ponemos en su mesa porque el alma también tiene que vestirse”, asegura.
Sobre el poncho reposan cinco t’ant’awawas amasadas y luego horneadas por Helen y su tía, que representan a los cinco extintos miembros de esta familia. “Las almitas que estamos esperando hoy son mis dos hermanas, mi abuela, y los dos últimos que fallecieron hace dos años son mi tío y mi abuelo”, enumera Helen.
Tía y sobrina elaboraron pan el miércoles 31 de octubre, para ofrendarlo a las almas; tienen las formas tradicionales de esta celebración: la escalera, para que las almas puedan subir al cielo; la paloma, para que las guíe en su recorrido, y el caballo, para que las ayude a llevar las ofrendas. Como se puede advertir, no se ha dejado ni el más mínimo detalle al azar.
En esta mesa, los visitantes tendrán a su alcance la caña de azúcar, que representa el bastón de las almas; el tuquru o la flor de la cebolla, para saciar su sed; la chicha morada, además de dulces y alimentos que en vida disfrutaban los difuntos, como las pasankallas, el chuño, la sopa de fideo y hasta la panza rebosada.
En la pared se ven tres carteles -de ésos que se emplean en los velorios- con los nombres de la abuela y las dos hermanas de Helen; un poco más arriba, una cruz de polietileno evoca a Jesús.
A las 11:50 la mesa está terminada a tiempo, porque las almas llegan a las 12:00. Mientras se espera la llegada de los difuntos, se prenden velas moradas: es el color de los fallecidos, aseguran.
La familia sigue la tradición de Todos Santos porque fue el abuelo, que murió hace ya dos años, quien la cultivó y transmitió. “Cuando él aún estaba vivo ponía mucho empeño para armar la mesa para mi abuela, tenía que ser completa, no podía faltar nada y siempre hacíamos pan y galletas de quinua”, dice Helen.
A las 12:00, cuando repican las campanas de una iglesia cercana, la familia se reúne alrededor de la mesa y todos comienzan a orar; agradecen a las almas por la protección que les brindan, piden a Dios que les otorgue descanso y rezan -tres veces cada una de ellas- el Padre Nuestro, el Ave María y el credo. Cuando terminan las plegarias se persignan y dicen: “Que se reciba la oración”.
Plegarias a cambio de ofrendas
La familia Quisbert hoy trasladará la mesa de ofrendas para sus difuntos a la cancha deportiva K’ala K’alitas, de la zona Chamoco Chico, donde “harán rezar” a los vecinos por las almas de sus familiares. Por cada plegaria que los vecinos pronuncien para sus deudos fallecidos se les compensará con algún producto de la mesa.
Miles de personas acudirán hoy a los cementerios de La Paz con sus mesas de ofrendas.
En el Cementerio General de La Paz se espera la visita de al menos 70.000 personas; la Alcaldía ha dispuesto que 250 efectivos controlen las ocho puertas de entrada y salida, para evitar el ingreso de bebidas alcohólicas, alimentos y objetos que puedan causar lesiones a los visitantes.
En la parte exterior, 70 efectivos efectuarán un severo control con el objetivo de que no se vendan bebidas alcohólicas.
Se encamina, como todos los años, a los alrededores del Cementerio General, donde compra dulces, frutas, pasankallas, caña de azúcar, velas y flores.
A las 11:00, cuando ya ha adquirido todo lo que considera necesario, toma un taxi para retornar rápidamente a su casa, porque se acerca la hora en que las almas, según la creencia popular, visitan las casas de sus deudos vivos. A Helen aún le falta armar la mesa para recibir a los que ya se fueron.
En su residencia la espera su tía Marta Marca; llega a eso de las 11:20. Su tía cocina una sopa de fideo y como plato principal un ají de arvejas que, según Helen, es lo típico del menú de esta fecha.
Helen prepara la mesa para los difuntos en la sala, adonde lleva todos los productos que ha comprado. En una esquina, sobre la mesa del comedor, ha extendido el poncho de su difunto abuelo, que en esta celebración usa como un simbólico mantel que cubre la mesa para las ofrendas; explica que en la mesa, según la tradición, deben, en lo posible, estar las cosas preferidas de los fallecidos. “Éste era el poncho favorito de mi abuelo: se lo dejó a mi tía; cada año lo ponemos en su mesa porque el alma también tiene que vestirse”, asegura.
Sobre el poncho reposan cinco t’ant’awawas amasadas y luego horneadas por Helen y su tía, que representan a los cinco extintos miembros de esta familia. “Las almitas que estamos esperando hoy son mis dos hermanas, mi abuela, y los dos últimos que fallecieron hace dos años son mi tío y mi abuelo”, enumera Helen.
Tía y sobrina elaboraron pan el miércoles 31 de octubre, para ofrendarlo a las almas; tienen las formas tradicionales de esta celebración: la escalera, para que las almas puedan subir al cielo; la paloma, para que las guíe en su recorrido, y el caballo, para que las ayude a llevar las ofrendas. Como se puede advertir, no se ha dejado ni el más mínimo detalle al azar.
En esta mesa, los visitantes tendrán a su alcance la caña de azúcar, que representa el bastón de las almas; el tuquru o la flor de la cebolla, para saciar su sed; la chicha morada, además de dulces y alimentos que en vida disfrutaban los difuntos, como las pasankallas, el chuño, la sopa de fideo y hasta la panza rebosada.
En la pared se ven tres carteles -de ésos que se emplean en los velorios- con los nombres de la abuela y las dos hermanas de Helen; un poco más arriba, una cruz de polietileno evoca a Jesús.
A las 11:50 la mesa está terminada a tiempo, porque las almas llegan a las 12:00. Mientras se espera la llegada de los difuntos, se prenden velas moradas: es el color de los fallecidos, aseguran.
La familia sigue la tradición de Todos Santos porque fue el abuelo, que murió hace ya dos años, quien la cultivó y transmitió. “Cuando él aún estaba vivo ponía mucho empeño para armar la mesa para mi abuela, tenía que ser completa, no podía faltar nada y siempre hacíamos pan y galletas de quinua”, dice Helen.
A las 12:00, cuando repican las campanas de una iglesia cercana, la familia se reúne alrededor de la mesa y todos comienzan a orar; agradecen a las almas por la protección que les brindan, piden a Dios que les otorgue descanso y rezan -tres veces cada una de ellas- el Padre Nuestro, el Ave María y el credo. Cuando terminan las plegarias se persignan y dicen: “Que se reciba la oración”.
Plegarias a cambio de ofrendas
La familia Quisbert hoy trasladará la mesa de ofrendas para sus difuntos a la cancha deportiva K’ala K’alitas, de la zona Chamoco Chico, donde “harán rezar” a los vecinos por las almas de sus familiares. Por cada plegaria que los vecinos pronuncien para sus deudos fallecidos se les compensará con algún producto de la mesa.
Miles de personas acudirán hoy a los cementerios de La Paz con sus mesas de ofrendas.
En el Cementerio General de La Paz se espera la visita de al menos 70.000 personas; la Alcaldía ha dispuesto que 250 efectivos controlen las ocho puertas de entrada y salida, para evitar el ingreso de bebidas alcohólicas, alimentos y objetos que puedan causar lesiones a los visitantes.
En la parte exterior, 70 efectivos efectuarán un severo control con el objetivo de que no se vendan bebidas alcohólicas.
Obispo: Orar por los difuntos ayuda a borrar sus pecados
La oración que se realiza por los difuntos es importante, pues así se puede borrar el pecado que han tenido en vida, señaló el Obispo de la Diócesis de Oruro, monseñor Cristóbal Bialasik, con relación al Día de los Difuntos.
Manifestó que las personas en vida tienen pecados, estos no pueden ser perdonados del todo porque siempre queda una pena y por ello los vivos rezan por los familiares muertos.
"No se habla que todos son llamados a ser santos, porque sabemos que todos somos pecadores, porque siempre se comete algún error, pero por el sacramento de la penitencia Dios perdona nuestros pecados, pero siempre queda una pena que no es borrada", dijo.
"Nuestra oración es trascendental pues en ella pedimos a Dios que pueda perdonar a los difuntos por todos los errores que ha cometido en vida para que pueda estar en la gracia de Dios Padre y también pedirle misericordia para que puedan gozar de la felicidad de la Casa del Señor", aseguró.
Sostuvo que el 2 de noviembre es la fiesta de los difuntos donde las personas rezan por sus seres queridos.
Por otra parte explicó que el 1 de noviembre se celebra la fiesta de Todos los Santos, porque durante la historia de la iglesia había personas que vivían la palabra y mensaje de Dios.
"Estas personas que han seguido los pasos de Dios han sido beatificadas y canonizadas por el Santo Padre, después de un largo proceso, pero dentro de esto existen personas que también han seguido el mensaje de Dios pero que no pudieron ser beatificados".
Señaló que el 1 de noviembre se recuerda a las personas que han dado el ejemplo de la santidad y han enseñado cómo seguir a Dios.
Manifestó que las personas en vida tienen pecados, estos no pueden ser perdonados del todo porque siempre queda una pena y por ello los vivos rezan por los familiares muertos.
"No se habla que todos son llamados a ser santos, porque sabemos que todos somos pecadores, porque siempre se comete algún error, pero por el sacramento de la penitencia Dios perdona nuestros pecados, pero siempre queda una pena que no es borrada", dijo.
"Nuestra oración es trascendental pues en ella pedimos a Dios que pueda perdonar a los difuntos por todos los errores que ha cometido en vida para que pueda estar en la gracia de Dios Padre y también pedirle misericordia para que puedan gozar de la felicidad de la Casa del Señor", aseguró.
Sostuvo que el 2 de noviembre es la fiesta de los difuntos donde las personas rezan por sus seres queridos.
Por otra parte explicó que el 1 de noviembre se celebra la fiesta de Todos los Santos, porque durante la historia de la iglesia había personas que vivían la palabra y mensaje de Dios.
"Estas personas que han seguido los pasos de Dios han sido beatificadas y canonizadas por el Santo Padre, después de un largo proceso, pero dentro de esto existen personas que también han seguido el mensaje de Dios pero que no pudieron ser beatificados".
Señaló que el 1 de noviembre se recuerda a las personas que han dado el ejemplo de la santidad y han enseñado cómo seguir a Dios.
Potosi Tradición de Todos los Santos se impone a fiesta de Halloween
La tradición y costumbre de la fiesta de Todos Los Santos que vivimos los potosinos este año se manifiesta más fuerte ante la creciente celebración del Hallowen por parte de sectores que desdeñan lo nuestro.
La fe religiosa se muestra más intensa con la instalación de las tumbas para recibir a las almas de nuestros difuntos que tradicionalmente visitan nuestros hogares, ante la presencia de ofertas que alcanzan más al gusto de los jóvenes.
Los parientes y amigos se reúnen hoy en torno a la fiesta religiosa que renueva la fe católica, se procede a rezar en conjunto y se comparte con vecinos y amigos los recuerdos de los seres queridos que partieron de este mundo.
Se colocará la fotografía y hasta la música y en presencia de los visitantes se elevarán oraciones con mensajes de tranquilidad para los parientes, todo delante del altar que lleva adornos, las velas, flores, comida y bebida que le gustaba al difunto.
Para cumplir el recuerdo, en grupo se visitará el cementerio para depositar flores en el nicho y cumplir el rito tradicional acostumbrado que pervive en las familias.
Sin embargo, la tradición potosina, que fácilmente puede convertirse en atractivo turístico, es amenaza por el innegable avance de la fiesta estadounidense del Halloween.
Ayer volvió a verse a niños y jóvenes disfrazados de monstruos del cine y la televisión en un intento de copiar una costumbre que no es la nuestra.
La fe religiosa se muestra más intensa con la instalación de las tumbas para recibir a las almas de nuestros difuntos que tradicionalmente visitan nuestros hogares, ante la presencia de ofertas que alcanzan más al gusto de los jóvenes.
Los parientes y amigos se reúnen hoy en torno a la fiesta religiosa que renueva la fe católica, se procede a rezar en conjunto y se comparte con vecinos y amigos los recuerdos de los seres queridos que partieron de este mundo.
Se colocará la fotografía y hasta la música y en presencia de los visitantes se elevarán oraciones con mensajes de tranquilidad para los parientes, todo delante del altar que lleva adornos, las velas, flores, comida y bebida que le gustaba al difunto.
Para cumplir el recuerdo, en grupo se visitará el cementerio para depositar flores en el nicho y cumplir el rito tradicional acostumbrado que pervive en las familias.
Sin embargo, la tradición potosina, que fácilmente puede convertirse en atractivo turístico, es amenaza por el innegable avance de la fiesta estadounidense del Halloween.
Ayer volvió a verse a niños y jóvenes disfrazados de monstruos del cine y la televisión en un intento de copiar una costumbre que no es la nuestra.
Todos Santos Flores, comida y bebida para los difuntos en cementerios
Un accidente vehicular que sucedió en 1986 le quitó la vida a Martha Zulema Merlo Alvis, en aquel entonces esta niña tenía solo 3 años, su deceso marcó las vidas de sus hermanas y madre que en estas fechas, donde se rinde culto a los difuntos, la recuerdan con mucho cariño. Para sus hermanas sigue siendo una bebé; sin embargo, su madre habla de ella como si estuviera presente y ahora sea una mujer madura.
Panorama urbano. “Falleció hace 26 años ya, pero sigue siendo mi hermanita, mi bebita” cuenta con mucho cariño en sus palabras Melvy Merlo Alvis, que ayer acudió al cementerio Sagrado Corazón de Jesús, La Cuchilla, para honrar la memoria de su hermana y su padre. Según la creencia popular el 1 de noviembre las almas de los santos y difuntos bajan a la tierra y para recibirlas se ofrece pan, comidas y bebidas que en vida era del gusto de quienes ahora no están. Particularmente en Bolivia el primero de este mes se otorga para honrar a los niños.
Un par de pequeños zapatos, una foto y muchas flores frescas, adornan el nicho de la niña Martha Zulema Merlo Alvis, sus hermanas, ya mujeres maduras y con una vida hecha, acuden al mausoleo familiar, para recordar como fue en vida. “Mi mamá viene todos los años para festejar su cumpleaños, ella le trae banda y todas las cosas que le gustaban”, dice Melvy, que junto a sus cuatro hermanas y su mamá, recuerdan a sus seres queridos, para ello limpiaron y el lugar en el que permanecen más de 8 horas seguidas, rezando y conversando, mientras recuerdan pasajes de quienes una vez convivieron con ellos.
Como esta son muchas las historia que se pudieron observar en este cementerio, el más grande de la ciudad y que además tiene la particularidad de albergar familias pudientes, de escasos recursos, algunos abandonados y otros olvidados o que no fueron encontrados, como los desaparecidos durante las dictaduras militares, ya que este cementerio es señalado como uno de los puntos donde se crearon fosas comunes para enterrar a las víctimas de la crueldad militar.
Un punto de desequilibrio. Personal municipal, a la cabeza del oficial mayor de Seguridad Ciudadana y Defensa al Consumidor, José Canudas, llegó hasta este predio para coordinar tareas de limpieza, y controlar el no ingreso de bebidas alcohólicas y musicones o bandas, así como verificar la calidad de los comestibles y bebidas que ofertan vendedores ambulantes en las afueras del cementerio, ya que les está prohibido ingresar al camposanto. Esta tarea de seguridad incluye ordenar el tráfico vehicular en las avenidas y calles aledañas al cementerio.
Rezan para ganar unos pesos
Se lo rezo señora- Se suele escuchar decir a muchos niños que llegan hasta los cementerios ofreciendo una par de credos y avemarías a cambio de algunas monedas. No son exigentes a la hora de cobrar y se conforman con recibir lo que les paguen. Se trata de una tradición que reflota en esta fechas de Todas Santos y la escena se repite en todos los cementerios, abiertos a todo público, ya que en los privados no permiten el ingreso de personas ajenas o que no tengan familiares.
Algunos chicos ofrecen hasta llorar para quienes ya se fueron y muchas personas aceptan sus servicios más que nada por colaborar a estos pequeños, que en su mayoría se trata de hijos de los albañiles que trabajan en los cementerios o niños de escasos recursos que buscan ganarse unas monedas. Son algo tímidos para conversar pero tienen mucha experiencia orando. Hay quienes en lugar de dinero ofrecen pagar sus servicios con comida y los pequeños la reciben con gratitud. Algo es seguro, les resulta casi divertido pasar el día en los cementerios, lugar donde por lo general nadie llega a pasar el tiempo.
Panorama urbano. “Falleció hace 26 años ya, pero sigue siendo mi hermanita, mi bebita” cuenta con mucho cariño en sus palabras Melvy Merlo Alvis, que ayer acudió al cementerio Sagrado Corazón de Jesús, La Cuchilla, para honrar la memoria de su hermana y su padre. Según la creencia popular el 1 de noviembre las almas de los santos y difuntos bajan a la tierra y para recibirlas se ofrece pan, comidas y bebidas que en vida era del gusto de quienes ahora no están. Particularmente en Bolivia el primero de este mes se otorga para honrar a los niños.
Un par de pequeños zapatos, una foto y muchas flores frescas, adornan el nicho de la niña Martha Zulema Merlo Alvis, sus hermanas, ya mujeres maduras y con una vida hecha, acuden al mausoleo familiar, para recordar como fue en vida. “Mi mamá viene todos los años para festejar su cumpleaños, ella le trae banda y todas las cosas que le gustaban”, dice Melvy, que junto a sus cuatro hermanas y su mamá, recuerdan a sus seres queridos, para ello limpiaron y el lugar en el que permanecen más de 8 horas seguidas, rezando y conversando, mientras recuerdan pasajes de quienes una vez convivieron con ellos.
Como esta son muchas las historia que se pudieron observar en este cementerio, el más grande de la ciudad y que además tiene la particularidad de albergar familias pudientes, de escasos recursos, algunos abandonados y otros olvidados o que no fueron encontrados, como los desaparecidos durante las dictaduras militares, ya que este cementerio es señalado como uno de los puntos donde se crearon fosas comunes para enterrar a las víctimas de la crueldad militar.
Un punto de desequilibrio. Personal municipal, a la cabeza del oficial mayor de Seguridad Ciudadana y Defensa al Consumidor, José Canudas, llegó hasta este predio para coordinar tareas de limpieza, y controlar el no ingreso de bebidas alcohólicas y musicones o bandas, así como verificar la calidad de los comestibles y bebidas que ofertan vendedores ambulantes en las afueras del cementerio, ya que les está prohibido ingresar al camposanto. Esta tarea de seguridad incluye ordenar el tráfico vehicular en las avenidas y calles aledañas al cementerio.
Rezan para ganar unos pesos
Se lo rezo señora- Se suele escuchar decir a muchos niños que llegan hasta los cementerios ofreciendo una par de credos y avemarías a cambio de algunas monedas. No son exigentes a la hora de cobrar y se conforman con recibir lo que les paguen. Se trata de una tradición que reflota en esta fechas de Todas Santos y la escena se repite en todos los cementerios, abiertos a todo público, ya que en los privados no permiten el ingreso de personas ajenas o que no tengan familiares.
Algunos chicos ofrecen hasta llorar para quienes ya se fueron y muchas personas aceptan sus servicios más que nada por colaborar a estos pequeños, que en su mayoría se trata de hijos de los albañiles que trabajan en los cementerios o niños de escasos recursos que buscan ganarse unas monedas. Son algo tímidos para conversar pero tienen mucha experiencia orando. Hay quienes en lugar de dinero ofrecen pagar sus servicios con comida y los pequeños la reciben con gratitud. Algo es seguro, les resulta casi divertido pasar el día en los cementerios, lugar donde por lo general nadie llega a pasar el tiempo.
jueves, 1 de noviembre de 2012
Creyentes instalan hoy mesa para los difuntos
La mesa de ofrenda a los difuntos está compuesta de una serie de elementos que van desde un vaso de agua hasta la comida preferida del ser amado, cada uno de ellos con una simbología diferente.
El mantel negro es el primer elemento con el que se debe contar, pero sólo en caso de que el difunto haya sido un adulto; en caso de ser un niño o un menor de edad se coloca un mantel blanco.
Algunas familias realizan la mesa en desniveles para que todos los elementos se observen con claridad, sin embargo, el objetivo principal es que todos los elementos estén ordenados cómodamente y que las familias conozcan la simbología de cada uno de ellos.
La T´ANT´A WAWA: significa niña o muñeca de pan. Se acostumbra bautizarla con el nombre del difunto.
LOS CABALLITOS: también se incluye a las llamas, ambos ayudan a que el difunto pueda cargar las ofrendas que se coloca en la mesa, en el trayecto de regreso a su morada.
LAS VELAS: sirven para iluminar el camino que recorre el alma, estas deben encenderse a las 12:00 de hoy, con el objetivo de que el difunto sepa que su familia lo espera.
ESCALERAS: sirven para que las almas crucen los obstáculos que deben atravesar para llegar a la tierra, otros aseveran que son para subir y bajar del cielo en este día.
LA COMIDA: se acostumbra cocinar en especial el ají de arveja porque se dice que es el alimento preferido de las almas, sin embargo muchos optan por preparar la comida favorita del ser querido.
LA CAÑA DE AZUCAR: simboliza la sombra que requiere el alma para soportar sus días de sol y lluvia en el más allá, además, sirve de bastón para su largo viaje de retorno, y por ser un elemento dulce, se cree que es del agrado de los difuntos.
LA CHICHA MORADA: aplaca la sed del difunto y por ser dulce también es del gusto de los muertos.
LA CEBOLLA: debe tener su tallo largo, éste simboliza el agua que necesita el difunto además de un bastón para su viaje.
Además de ellos, se acostumbra colocar una corona, animales de quispiña, frutas, pasankalla y otros alimentos que fueron de agrado del familiar que ya partió al más allá.
El mantel negro es el primer elemento con el que se debe contar, pero sólo en caso de que el difunto haya sido un adulto; en caso de ser un niño o un menor de edad se coloca un mantel blanco.
Algunas familias realizan la mesa en desniveles para que todos los elementos se observen con claridad, sin embargo, el objetivo principal es que todos los elementos estén ordenados cómodamente y que las familias conozcan la simbología de cada uno de ellos.
La T´ANT´A WAWA: significa niña o muñeca de pan. Se acostumbra bautizarla con el nombre del difunto.
LOS CABALLITOS: también se incluye a las llamas, ambos ayudan a que el difunto pueda cargar las ofrendas que se coloca en la mesa, en el trayecto de regreso a su morada.
LAS VELAS: sirven para iluminar el camino que recorre el alma, estas deben encenderse a las 12:00 de hoy, con el objetivo de que el difunto sepa que su familia lo espera.
ESCALERAS: sirven para que las almas crucen los obstáculos que deben atravesar para llegar a la tierra, otros aseveran que son para subir y bajar del cielo en este día.
LA COMIDA: se acostumbra cocinar en especial el ají de arveja porque se dice que es el alimento preferido de las almas, sin embargo muchos optan por preparar la comida favorita del ser querido.
LA CAÑA DE AZUCAR: simboliza la sombra que requiere el alma para soportar sus días de sol y lluvia en el más allá, además, sirve de bastón para su largo viaje de retorno, y por ser un elemento dulce, se cree que es del agrado de los difuntos.
LA CHICHA MORADA: aplaca la sed del difunto y por ser dulce también es del gusto de los muertos.
LA CEBOLLA: debe tener su tallo largo, éste simboliza el agua que necesita el difunto además de un bastón para su viaje.
Además de ellos, se acostumbra colocar una corona, animales de quispiña, frutas, pasankalla y otros alimentos que fueron de agrado del familiar que ya partió al más allá.
El cementerio más antiguo de Bolivia abrió sus puertas para Todos Santos
La administradora del Cementerio General de Sucre, Eva María Quinteros, señaló que el camposanto, el más suntuario y antiguo de Bolivia, abrió sus puertas a la población, desde muy temprano el miércoles para la celebración de las festividades de los Muertos y Todos Santos.
“Los últimos trabajos de limpieza general se efectuaron los días 29 y 30 de este mes. A partir de hoy hasta el viernes 2 de noviembre abriremos las puertas del Cementerio General a la población. Este miércoles la jornada está dedicada a los angelitos”, significó.
Señaló que los horarios durante estos días son de 07h00 a 17h30, por lo que este camposanto espera la visita de la población católica de Sucre.
Los trabajos de refacción y limpieza se realizaron en coordinación con la Oficialía Mayor Técnica, por las características que tiene el Cementerio General.
“Estuvimos con demasiado trabajo en el interior y exterior del Cementerio General. Los trabajos que realizamos fue el resellado, pintado, demarcaciones de ingresos y de todas las jardineras”, expresó.
La última inspección que efectuó el alcalde Moisés Torres fue el lunes, cuando verificó los 23 pabellones, cuarteles, osarios y los mausoleos institucionales y privados, que data de 1777, acotó.
Finalmente, enfatizó que el 2 de noviembre el Gobierno Municipal de Sucre instalará una mesa a los pies de los caídos y conservadores de Ayo Ayo, de la Guerra Civil (1898-1901).
En esa línea, desde el Ejecutivo, instruyeron la seguridad y el orden, por esta razón emitieron una Ordenanza Autonómica Municipal, que prohíbe el ingreso de grupos musicales y la venta y expendio de bebidas alcohólicas en el Cementerio General.
“Los últimos trabajos de limpieza general se efectuaron los días 29 y 30 de este mes. A partir de hoy hasta el viernes 2 de noviembre abriremos las puertas del Cementerio General a la población. Este miércoles la jornada está dedicada a los angelitos”, significó.
Señaló que los horarios durante estos días son de 07h00 a 17h30, por lo que este camposanto espera la visita de la población católica de Sucre.
Los trabajos de refacción y limpieza se realizaron en coordinación con la Oficialía Mayor Técnica, por las características que tiene el Cementerio General.
“Estuvimos con demasiado trabajo en el interior y exterior del Cementerio General. Los trabajos que realizamos fue el resellado, pintado, demarcaciones de ingresos y de todas las jardineras”, expresó.
La última inspección que efectuó el alcalde Moisés Torres fue el lunes, cuando verificó los 23 pabellones, cuarteles, osarios y los mausoleos institucionales y privados, que data de 1777, acotó.
Finalmente, enfatizó que el 2 de noviembre el Gobierno Municipal de Sucre instalará una mesa a los pies de los caídos y conservadores de Ayo Ayo, de la Guerra Civil (1898-1901).
En esa línea, desde el Ejecutivo, instruyeron la seguridad y el orden, por esta razón emitieron una Ordenanza Autonómica Municipal, que prohíbe el ingreso de grupos musicales y la venta y expendio de bebidas alcohólicas en el Cementerio General.
Todos los Santos es una tradición que pervive en los tiempos modernos
Con la finalidad de preservar las tradiciones y valores culturales del mundo andino, la carrera de Trabajo Social de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) organizó ayer una exposición de mesas para difuntos al celebrarse la festividad de Todos los Santos en la Plaza del Bicentenario.
Al respecto la docente Mery Chambi Coaquira sostuvo que la característica de la cultura aymara se manifiesta en la existencia de la tradición histórica, enraizada en sus diferentes formas expresivas culturales. “La lengua como medio por el cual se transmiten todas estas situaciones de generación en generación, se torna en un elemento sustancial para la existencia y el desarrollo de la cultura”, sostuvo.
Uno de los aspectos importantes de esta tradición histórica actual, es la celebración de Todos los Santos Aymara, considerada como el día de todos los difuntos. En ella coexisten diferentes etapas, cada una lleva particularidades de acuerdo a la región.
Con la finalidad de conocer el significado de la simbología de esta fecha, la docente de idiomas explicó que el “Todos los Santos Aymara” se divide en diferentes etapas: “wakich urunaka, taqisantüru y tispach uru”.
“Wakich urunaka” se denomina a las semanas anteriores del mes de noviembre, días preparativos y de compras para encomendar a los difuntos mediante rezos; esta actividad se acostumbra realizar año tras año en memoria de los muertos.
“Taqisantüru” es el primer día de Todos los Santos Aymara, día que se pone en la “mesa apxata” diferentes tipos de ofrendas como: masitas, figuras de panes, dulces, frutas, flores, bebidas y otros.
“Tispach uru” es el segundo día de Todos los Santos; el mencionado día se visita al cementerio como símbolo de recordar al ser querido. Según creencias culturales esta visita se hace para compartir la ofrenda con el difunto.
Al respecto la docente Mery Chambi Coaquira sostuvo que la característica de la cultura aymara se manifiesta en la existencia de la tradición histórica, enraizada en sus diferentes formas expresivas culturales. “La lengua como medio por el cual se transmiten todas estas situaciones de generación en generación, se torna en un elemento sustancial para la existencia y el desarrollo de la cultura”, sostuvo.
Uno de los aspectos importantes de esta tradición histórica actual, es la celebración de Todos los Santos Aymara, considerada como el día de todos los difuntos. En ella coexisten diferentes etapas, cada una lleva particularidades de acuerdo a la región.
Con la finalidad de conocer el significado de la simbología de esta fecha, la docente de idiomas explicó que el “Todos los Santos Aymara” se divide en diferentes etapas: “wakich urunaka, taqisantüru y tispach uru”.
“Wakich urunaka” se denomina a las semanas anteriores del mes de noviembre, días preparativos y de compras para encomendar a los difuntos mediante rezos; esta actividad se acostumbra realizar año tras año en memoria de los muertos.
“Taqisantüru” es el primer día de Todos los Santos Aymara, día que se pone en la “mesa apxata” diferentes tipos de ofrendas como: masitas, figuras de panes, dulces, frutas, flores, bebidas y otros.
“Tispach uru” es el segundo día de Todos los Santos; el mencionado día se visita al cementerio como símbolo de recordar al ser querido. Según creencias culturales esta visita se hace para compartir la ofrenda con el difunto.
Ají de arvejas, un plato típico de todos santos
La tradición manda que las familias esperan a las almas de sus difuntos con la comida que les gustaba.
El ají de arvejas, un plato propio de la región andina y servido en los hogares paceños para la fiesta de Todos Santos, es una de las sugerencias para recibir a las almas, hoy, al mediodía. Creyentes aseguran que las arvejas simbolizan los pecados de los difuntos y que al comerlas se aligera su viaje de retorno.
Tradiciones en la mesa. El sociólogo David Mendoza, quien realizó una investigación sobre la gastronomía boliviana, reveló que ésta se divide en tres comidas: la festiva, alimentos que se sirven en fiestas patronales o acontecimientos importantes; la que se consume a media mañana conocida como la “Sajra hora”, incluye a la salteña; y ritual que son “las mesas” preparadas para los difuntos.
En el caso de la festividad de Todos Santos, si bien no existe una regla en cuanto a qué plato se debe servir a mediodía, el ají de arvejas es la comida con mayor demanda para esta fecha. “Casualmente los mercados incrementan su venta de este platillo en los primeros días de noviembre, pero además se puede servir ají de fideo, ají de papa y todos los alimentos que le gustaba al difunto”, señaló Mendoza.
Yolanda Argandoña, de 70 años, recuerda que de niña su madre armaba una mesa para su abuela y le explicaba qué cosas se debía colocar. “A las 12.00 siempre servía el ají de arvejas, ella decía, que mientras más pequeñas sean, los invitados se comerían todos los pecados de la almita, y podía volver al más allá más tranquila”.
Otros alimentos y bebidas. En cuanto a las bebidas, Mendoza reveló que antes se servía chica morada, pero actualmente se pone gaseosas y cerveza. “Para nuestros antepasados la chica morada no podía faltar en la mesa y se acompañaba de cigarrillos y la coca, como parte de las tradiciones de la cosmovisión andina”. Aclaró que todos estos elementos varían en cada “mesa”, ya que es de acuerdo a las costumbres que tiene la familia.
12.00 es la hora en que las almas vuelven a la tierra. El día 2 de noviembre se despacha a los difuntos.
Ají de arvejas
El siguiente platillo puede ir acompañado con “cueritos” de chicharrón o charque, en lugar de carne de res.
sugerencia
Hé aquí una receta de ají de arvejas, un platillo para recibir
a las almas.
Ingredientes
5 trozos de carne de res
1/2 kilo de arvejas secas
5 papas peladas
1 litro de agua
2 cebollas
1 tomate grande
2 zanahorias
2 cucharadas de ají colorado molido y frito
1 cucharada de perejil picado
2 dientes de ajo tostado
1 cucharilla de azúcar
1 cuchara de sal
Chicharrones para decorar
preparación
Tostar las arvejas y poner a cocer en agua sin sal, cuando estén cocidas, escurrir. Preparar un ahogado con el ají, cebolla, tomate y aceite, agregar la carne y dejar dorar. A continuación vaciar las arvejas a una olla, agregar el ahogado, las papas cortadas en cuadritos y un poco de agua, sazonar al gusto y mezclar. Como sugerencia de guarnición se puede servir con tunta, y decorar con cueritos fritos de chicharrón.
El ají de arvejas, un plato propio de la región andina y servido en los hogares paceños para la fiesta de Todos Santos, es una de las sugerencias para recibir a las almas, hoy, al mediodía. Creyentes aseguran que las arvejas simbolizan los pecados de los difuntos y que al comerlas se aligera su viaje de retorno.
Tradiciones en la mesa. El sociólogo David Mendoza, quien realizó una investigación sobre la gastronomía boliviana, reveló que ésta se divide en tres comidas: la festiva, alimentos que se sirven en fiestas patronales o acontecimientos importantes; la que se consume a media mañana conocida como la “Sajra hora”, incluye a la salteña; y ritual que son “las mesas” preparadas para los difuntos.
En el caso de la festividad de Todos Santos, si bien no existe una regla en cuanto a qué plato se debe servir a mediodía, el ají de arvejas es la comida con mayor demanda para esta fecha. “Casualmente los mercados incrementan su venta de este platillo en los primeros días de noviembre, pero además se puede servir ají de fideo, ají de papa y todos los alimentos que le gustaba al difunto”, señaló Mendoza.
Yolanda Argandoña, de 70 años, recuerda que de niña su madre armaba una mesa para su abuela y le explicaba qué cosas se debía colocar. “A las 12.00 siempre servía el ají de arvejas, ella decía, que mientras más pequeñas sean, los invitados se comerían todos los pecados de la almita, y podía volver al más allá más tranquila”.
Otros alimentos y bebidas. En cuanto a las bebidas, Mendoza reveló que antes se servía chica morada, pero actualmente se pone gaseosas y cerveza. “Para nuestros antepasados la chica morada no podía faltar en la mesa y se acompañaba de cigarrillos y la coca, como parte de las tradiciones de la cosmovisión andina”. Aclaró que todos estos elementos varían en cada “mesa”, ya que es de acuerdo a las costumbres que tiene la familia.
12.00 es la hora en que las almas vuelven a la tierra. El día 2 de noviembre se despacha a los difuntos.
Ají de arvejas
El siguiente platillo puede ir acompañado con “cueritos” de chicharrón o charque, en lugar de carne de res.
sugerencia
Hé aquí una receta de ají de arvejas, un platillo para recibir
a las almas.
Ingredientes
5 trozos de carne de res
1/2 kilo de arvejas secas
5 papas peladas
1 litro de agua
2 cebollas
1 tomate grande
2 zanahorias
2 cucharadas de ají colorado molido y frito
1 cucharada de perejil picado
2 dientes de ajo tostado
1 cucharilla de azúcar
1 cuchara de sal
Chicharrones para decorar
preparación
Tostar las arvejas y poner a cocer en agua sin sal, cuando estén cocidas, escurrir. Preparar un ahogado con el ají, cebolla, tomate y aceite, agregar la carne y dejar dorar. A continuación vaciar las arvejas a una olla, agregar el ahogado, las papas cortadas en cuadritos y un poco de agua, sazonar al gusto y mezclar. Como sugerencia de guarnición se puede servir con tunta, y decorar con cueritos fritos de chicharrón.
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