martes, 3 de febrero de 2015

Tras los pasos de San Antonio en la tradición franciscana



La fiesta de San Antonio es parte de la tradición franciscana transmitida en Tarija y, al no existir estudios sobre el tema, el investigador de la Fundación Cultural P. Lorenzo Calzavarini, Raíces Tarixa, Manuel Gómez Mendoza, realizó una breve aproximación histórica desde algunos documentos coloniales sobre la figura del Santo, en el contexto de la presencia franciscana en la región.

El contenido abarca una breve descripción de la antigua provincia de San Antonio de los Charcas, las Capellanías y obras Pías, también muestra una breve presentación de lo que recogen los inventarios conventuales coloniales y, por último, hace una valoración de la presencia del santo en las obra antonianas.
La provincia franciscana “San Antonio de los Charcas” nació por decisión del Capítulo Franciscano celebrado en Valladolid en 1565, donde se decide crear una nueva provincia por motivo de la expansión de la Orden en los nuevos territorios. Esta decisión se operativiza en el capítulo provincial de Lima en 1568.
La nueva provincia tuvo por titular y Patrono a San Antonio, nació en el seno de la famosa Provincia de los Doce Apóstoles del Perú que se caracterizó, según Fray Pedro de Anasagasti, por la “guarda del Evangelio, a través de la manifestísima tradición franciscana”.
La sede de la nueva institución fue el Cuzco, centro colonial importante en dicho periodo, que contaba ya desde 1538 con una parroquia de indios. A la nueva provincia se adhirieron los conventos de Chuquisaca (fundado en 1540), Potosí (1547), La Paz (1549), Mizque (1581), Pocona (1577), Cochabamba (1581), Oruro y Tarija (1606).
Gómez destaca que en 1780 en el que se registraban 302 religiosos en la provincia, de los cuales 289 eran criollos. Esta significativa cantidad de conventos y de personal, repartido en tan diversas regiones, muestra la vitalidad de la expansión franciscana.
En el proceso institucional de expansión de la provincia se trasmitieron las devociones franciscanas y entre ellas la de San Antonio. En el Convento de Tarija se puede constatar la presencia de este Santo, tanto, por medio de las Pías Memorias, como, por la iconografía religiosa barroca presente.
Para presentar estos aspectos se analizaron datos de dos documentos del Archivo Franciscano de Tarija: el libro de las Capellanías y los Inventarios.

Las Capellanías
Las Pías Memorias y Capellanías fueron instituciones muy difundidas en los centros coloniales, como Nueva España, Perú y Charcas. Se crearon con el fin de salvar las almas del fundador y de sus familiares de las penas del purgatorio y llegar más rápidamente a la “vida eterna”.
El fin espiritual de la capellanía fue “la salvación de las almas”, reflejo de la influencia de la teología del Concilio de Trento. Los aspectos en los que se enfocaban las capellanías fueron: la importancia de las buenas obras de los fieles para alcanzar la salvación, la existencia del purgatorio (Sesión XXV) y el rol de los sacramentos, en especial de la eucaristía, en el proceso de perfeccionamiento espiritual. Desde esta perspectiva se interpretaba el miedo, la angustia, la “muerte” y el “más allá” en el contexto de una cultura católica hispano-colonial.
En el libro de Pías Memorias y Capellanías del Convento Franciscano de Tarija del P. Antonio Óliver, que registra capellanías entre 1626-1760, anota donaciones específicas a la cofradía de San Antonio de Padua que curiosamente fue de españoles y no así de indios, y misas devotas para la celebración de sufragios de almas de los titulares y de los familiares.
En 26 capellanías, de 48 registradas, hicieron donaciones económicas los dueños de fincas, viñas y chacras, tanto de Cinti como del valle de Tarija, entre 1626 a 1760. Entre las intenciones no sólo estaba San Antonio sino que se anotaban otras devociones.
Un ejemplo, el de la Capellanía XLIII: “... diez Misas a la Pasión de Cristo, 4 a Nuestra Señora de la Soledad, y 4 a Nuestra Señora del Carmen, 4 a la Purísima Concepción, 6 al patriarca San Joseph, 6 a la Santísima Trinidad, 2 a Nuestro Padre San Francisco, 4 a San Roque, 2 a San Lázaro, 2 a Santa Bárbara, 2 a San Luis, 2 a San Antonio de Padua, y cuatro por las benditas ánimas”
Los fundadores de las capellanías entregaban un capital económico al sacerdote o a la congregación, para el pago de las misas que celebrarían a “perpetuidad”, en el caso de Tarija fueron los franciscanos en el manuscrito del P. Óliver.

Capellanías, el sistema de acumulación de capital

A nivel económico las Capellanías generaban un sistema de acumulación de capital en espacios religiosos. En el caso de Tarija este capital lograba sustentar obras religiosas, como la manutención de los franciscanos del pequeño convento de Tarija, que fue el compromiso asumido por los pobladores de la ciudad en 1606.
Las capellanías en Tarija jugaron un papel muy importante para la vida del convento franciscano de Tarija, porque lograron articular la región, fincas, chacras y viñas, bajo códigos socio-religioso.

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