Esta atípica monja benedictina, doctora en medicina y licenciada en Harvard, comprensiva con el aborto y defensora de la anticoncepción, es conocida en Cataluña desde que en 2009 llevó a cabo una dura campaña contra las farmacéuticas por la vacuna de la gripe aviar.
Inspirada por la teología de la liberación, esta mujer de casi 50 años ataca con dureza la corrupción y el sistema capitalista, defiende nacionalizar bancos y empresas energéticas y propone una declaración unilateral de la independencia en su región natal de Cataluña.
Su exclaustración es temporal, de un año prorrogable hasta tres, con el objetivo de concurrir a las elecciones regionales de septiembre, presentadas como un plebiscito sobre la independencia, como cabeza de lista del partido Proceso Constituyente, que cofundó en 2013.
“Si una monja puede estar fuera del convento para cuidar de su padre o madre enfermos, también debe poder estarlo si, en consciencia, cree que es el país que está enfermo y puede hacer algo por él”, explicó Maite García, su portavoz.
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