Desde el primer domingo del mes de agosto, comienza la peregrinación al Santuario de la Virgen de Chaguaya que, a diferencia de las demás, se caracteriza por su sobriedad, su unción religiosa. Allí encontramos las exquisitas “ Chirriadas” que son una especie de panqueques de harina de maíz, huevo y leche, cocidas en piedras especiales. También se puede saborear fruta de la temporada, miel de caña de azúcar y los famosos “ picantes” y “chancaos de pollo”.
Es un lugar de imponente belleza, bañado por las aguas del río Camacho, yace el templo de Chaguaya, al que llegan los promesantes, que desde la ciudad caminan cincuenta y cinco kilómetros para llegar al Santuario, formando grandes caravanas durante un mes aproximadamente, logrando vencer un áspero camino, generalmente de noche; igualmente en sacrificada marcha llegan de todas las provincias y cantones.
Los devotos, animados por la fe, asisten a la misa que les tocó escuchar, puesto que todas las mañanas, particularmente los domingos, se celebran desde las siete hasta las once. Por una pequeña escalinata suben los feligreses y por detrás del altar, desfilan para que dos personas encargadas, asienten la imagen sobre la cabeza del creyente que se pone de rodillas; hecho esto, continúa la columna, bajando por la grada opuesta construida para tal efecto.
El instrumento típico de la fiesta, es el dúo de quenillas y la caña, y sin duda es una época llena de fe pues la Virgen de Chaguaya es la patrona de Tarija a la que todos acuden llenos de sueños que esperan les sean cumplidos.
La presente información se ha extraído parcialmente de la lectura del libro “Esencia de mi Tierra” de Dña. Zulema Bass Werner, poeta y narradora tarijeña.
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