lunes, 29 de agosto de 2016

Kulluri, el Señor que da millones

Fiesta. Por cuatro días este cantón, a 60 kilómetros de la ciudad de Oruro, celebra, en medio de lujo y ostentación, esta festividad donde llegan al menos 20.000 creyentes. En el pueblo viven 20 familias.

Por cuatro días Kulluri se transforma. El único ritmo que suena y se baila en este cantón de Oruro es la morenada. Las estrechas calles no dan abasto para miles de personas –al menos 20.000 que llegan de todas partes- ni para los cientos de autos, mayormente nuevos, que circulan por sus escasas vías.

Los devotos comienzan su arribo el 5 de agosto, atraídos por los milagros del Señor San Salvador de Kulluri, el patrono de los forasteros, también conocido como “negro wawas”.

Él que da millones. Así dicen sus feligreses, que se quedan hasta el 8, cuando termina el nutrido programa festivo.

En este pequeño poblado, habitualmente viven 20 familias que se dedican modestamente a la ganadería y agricultura. El clima seco y el suelo, casi desértico, no da para más.

Los fieles del “Tata” son muchos. Llegan, sin importar los ventarrones incómodos, más cuando están vestidos de morenos y morenas, vienen a decirle ¡gracias! por tanta bendición. También le ruegan por bienes materiales como casas y autos. Si Él les cumple, al año siguiente vuelven (sobre cuatro ruedas) con el deseo hecho realidad. A eso le llaman regresar con su “santa rita”. Y si logran comprar una casa, se denomina tener su “camana”, que también se lo agradecen.

Eso sí... la diminuta capilla no testimonia cambios desde hace por lo menos cincuenta años. Por estos días se llenó de flores y de velas de todo tipo y tamaño. El espacio no es más grande que una sala de tres metros de ancho por cinco de largo.

Allí se observa una rotación continua de fieles, que entran de rodillas y sin zapatos desde la vetusta puerta de rústica madera con aldabas que datan de la época colonial.

Las señoras ingresan con un velo, de preferencia blanco. Se nota pocos niños. Los que están en su interior hacen sus rogativas, pijchan y comparten la hoja milenaria con otros visitantes y la creencia manda que deben convidarla, sucesivamente, en nombre del Señor de los Milagros, el “Tata” San Francisco y la Virgen de las Nieves, que son los custodios y compañeros del “Tatita” de Kulluri. Entre los cuatro se encargan de proveer los bienes materiales y espirituales a quienes lo pidan.

Después de rezar, la gente sale de rodillas y de espaldas.

De tanta vela prendida, en el centro de la capilla, el ambiente se puso abrasante; en contraste con el exterior, donde un ventarrón extremo hacía de las suyas y una temperatura baja, que no pasaba de los seis grados Celsius, obligaba a tomar recaudos.

El diácono de la Parroquia Nuestra Señora de la Salette en Cochabamba, Florentino Morales, por fin llegó a Kulluri, tras tres intentos fallidos, acompañando a la “hermandad” que dirige Yesmi Uría en la zona sur de la Llajta.

Ofició una misa el domingo 7 de agosto al mediodía. Quedó maravillado por lo que vio en el pueblito.

“Realmente este Señor es majestuoso, grandioso…me llevo un recuerdo muy lindo y también he venido a pedir favores para mi familia. Aquí la gente tiene mucha devoción y fe”, afirma el párroco.

Carmen Huanca (53) también llegó de Cochabamba. “Ya tengo cinco años de visitar Kulluri. Vengo a pedirle salud para mi familia y mis nietos. Bailo morenada en la hermandad. Siempre hay que bailar este ritmo. Eso le gusta al Tata”.

Freddy Saca Corgi (45) es oriundo de la ciudad de Oruro. Conoció al Señor en 1989. Para él, era un hábito visitar este pueblo, pero un año no lo hizo y le fue mal. “He perdido dinero y me han asaltado. Al año siguiente he regresado a perdonarme y desde 1997 vivo y trabajo felizmente en Santa Cruz. Puedo decir que desde entonces me ha ido bien”, relata este devoto cuando retornaba a la ciudad (Oruro) en un pequeño minibús de servicio provincial.

¿POR QUÉ KULLURI?

La tradición oral cuenta que Kulluri, ahora considerado por los creyentes un santuario, era una zona de paso entre Chuquiago Marka (La Paz) y el norte de Potosí, por donde circulaba mineral de las tierras ricas de Bolivia y productos alimenticios de la bondadosa naturaleza de las zonas productoras.

En el centro, donde ahora se ha construido la pequeña capilla, había una vertiente donde los animales que tomaban el agua, que emanada de sus entrañas, morían, menos un ave conocida en quechua como khullu= perdiz. A ello, precisamente, se debe el nombre. Este cantón se encuentra a 60 kilómetros de la ciudad de Oruro.

OSTENTACIÓN Y LUJO

Después de cumplir el rito, de visitar la iglesia, poner flores, prender velas y pijchar, comienza la fiesta.

Las cuatro calles que se conectan a la plaza principal tienen actividad.

Se observa un ir y venir de bandas, como la Imperial o la Poopó de Oruro. Grupos de bailarines de morenada hacen sus mejores pasos y usan las mismas calles. Las cholitas están finamente arregladas y los varones (“machu morenos”), casi todos, con casimir y zapatos nuevos.

Las callejuelas son disputadas por los autos que siguen llegando con gente para la fiesta que dura 4 días. Los fieles que, en muchos casos, ya se pasaron de copas continúan de pie… apenas.

Este año se han organizado tres prestes, uno menos que en 2015. Tres grandes patios se convierten en lujosos salones de fiesta.

La decoración proviene de la China, con telas de seda, luces de color, pantallas led para los grupos musicales, tarimas sólidamente construidas y sistemas de audio con parlantes de gran tamaño. Se estima que crear todo un ambiente festivo cuesta por lo menos unos cinco mil dólares, por preste. En las afueras de cada fiesta, camiones frigoríficos se encuentran estacionados enfriando la cerveza.

UN SEÑOR COSTUMBRISTA

Los feligreses cuentan que el Señor de Kulluri es costumbrista y muy milagroso. “Da millones”. “Le gusta solo la morenada y los ritos donde abundan la cerveza y el whisky”, asegura Juan (51), un nacido en Kulluri, quien se alegra de ver tantos visitantes cada año.

Decir que “llueve” alcohol no parece exagerado porque cientos de cajas de cerveza son apilados en el centro de cada fiesta.

Este pintoresco pueblo, cuya fundación es anterior a la de Oruro en 1606, se quedó en el tiempo, porque conserva todavía algunas construcciones típicas de la cultura uru chipaya.

PROSPERIDAD

Los tres pasantes de este 2016, como cada año, son prósperos comerciantes. Los invitados también. Los que gastan para organizar los prestes no ponen reparos en lo económico. Trabajan todo el año para ello.

Sin embargo, nadie sabe cuánto cuesta cada fiesta. Hay quienes que se animan a decir que en cada preste se gasta ("invierte") por lo menos 100 mil dólares, pero se recupera también más de la mitad en los "t´ ipakos" (ofrendas económicas de los invitados hacia el “tata” pasante) y los "aynis" (devolución de la ayuda que dio el pasante en años anteriores).

“No sé cuánto gasto en esta fiesta, pero lo único que le puedo decir es que aquí no falta ni comida ni bebida”, exclama con cierto orgullo el comerciante Jhonny Guido Choque (59), quien este año fue el “tata” pasante, junto a su esposa Mery Laura Marze Adrián, de la fiesta la Morenada Central Kulluri.

Los artistas y grupos musicales que amenizan las fiestas son los más populares y tienen mayor arrastre entre los devotos, quienes gustan de los ritmos como la chicha, cumbia chicha y folclórico. Algunos llegan de Perú, tal es el caso de Yarita Lizeth y Princesita Milly, de quien contaron que el año pasado llegó en helicóptero para una hora de show.

Hay un afán de mostrar opulencia en los pasantes e invitados: Quién tiene más y quién gasta más.

Pero ¿por qué sucede esto en este lugar y en otras zonas dominadas económicamente por comerciantes? En el libro “La Economía Popular en Bolivia: tres miradas” (2015), de Nico Tassi, Alfonso Hinojosa y Richard Canaviri, se menciona que “la fiesta es el escenario donde se visibilizan y entretejen distintas trayectorias económicas de las élites populares aymaras, proyectándose a nivel nacional e internacional.

La fiesta no solamente es exceso, irracionalidad o despilfarro, sino que es el espacio donde se evidencia el prestigio, la movilidad social y la acumulación frente a los demás. Las trayectorias de estos sectores migrantes (internos e internacionales) vinculan lógicas de la comunidad de la cual provienen, pero además articulan relaciones transnacionales con las cuales se relacionan”.

DESPEDIDA

Al caer la noche del domingo, la fiesta está en pleno auge. Comienza la tanda del Grupo Semilla de Cochabamba, que compuso una morenada al Señor de Kulluri, ahora convertida en un himno.

El padre Federico Morales y la hermandad de Kulluri de Jaihuayco deciden tomar el trufi de retorno a la ciudad de Oruro y luego a la Llajta, junto a OPINIÓN que acompañó este viaje.



No hay comentarios:

Publicar un comentario