domingo, 11 de marzo de 2012

El imaginario popular se ha apropiado de la imagen del Jesucristo católico

Jesucristo —el Jesús divinizado— también está fuera del templo. Está pintado en la parte trasera de un autobús que recorre las carreteras del país; se vende, junto a camiones en miniatura y animales africanos, en un puesto de la feria de Alasita en La Paz; está, incluso, tatuado en la piel de una china que baila por su devoción en la festividad del Gran Poder. Jesucristo está, en suma, en las diversas manifestaciones del imaginario popular boliviano.

De poner en escena la complejidad y la diversidad de esas manifestaciones se trata, precisamente, en la exposición Jesucristo en el imaginario popular que se abre el miércoles 14 de marzo en las salas del Museo Nacional de Arte.

“Nos interesa —dice el artista y antropólogo Édgar Arandia Quiroga, director de ese repositorio— reparar en los grandes paradigmas míticos de la población boliviana; esos paradigmas que tienen que ver con las estructuras religiosas indígenas y con las estructuras religiosas que llegaron con los conquistadores. Ambas formas han creado visiones que, finalmente, nos ayudan a vivir hasta el día de hoy”.

“Lo que queremos demostrar con esta exposición —continúa Arandia— es que el pueblo se ha apropiado de Jesús, de ese Jesús que venía a conquistar con el dogma católico, de ese Jesús para el cual la cruz era a la vez una espada. Entonces, el pueblo hizo con Jesús lo mismo que hizo con el apóstol Santiago: convirtió a su enemigo en su amigo”.

La exposición está integrada por más de 50 piezas que trazan un puente entre los siglos XVII y XXI, organizadas bajo el principio de la “analogía de imaginarios”. De esta manera, pinturas y esculturas virreinales, óleos de los siglos XIX y XX, objetos de la ritualidad indígena contemporánea, crucifijos de distinta procedencia y data y fotografías comparten un mismo espacio en una muestra que, además, quiere generar una reflexión sobre la influencia de las imágenes en el arte boliviano desde diversas perspectivas culturales.

Exposiciones

Jesucristo en el imaginario popular se alínea con otras exposiciones que en los últimos años ha montado el Museo Nacional de Arte. El común denominador de ellas ha sido, por una parte, el diálogo entre el patrimonio de esa institución —constituido especialmente por arte virreinal— con el arte contemporáneo; y, por otra, la confrontación de ese legado patrimonial con manifestaciones de la cultura popular de raíz indígena. Con esta visión se han montado las exposiciones Tata Santiago / Tata Illapa; Los misterios del Señor del Gran Poder y Supay, el Tío de la mina. Cada una de ellas, como ocurre también con Jesucristo en el imaginario popular, ha sido precedida por una tarea de investigación y documentación.

En el catálogo de la exposición se publican cuatro ensayos que de conjunto dan el marco general de esa “apropiación” popular de la imagen de Jesucristo. Édgar Arandia discurre sobre el Jesús histórico y el Jesús divino en el texto titulado He aquí el hombre. José Bedoya Saenz, curador del Museo Nacional de Arte, investiga las Advocaciones populares, en las que se destacan el culto del Señor del Gran Poder, al Señor de la Sentencia y al Señor de los Milagros (ver la nota complementaria en la página de enfrente). Daniela Guzmán se ocupa de la Iconografía de Jesucristo en el arte con especial énfasis en el arte virreinal boliviano. Finalmente, Fátima Olivarez, también curadora del Museo Nacional de Arte, escribe sobre La imagen de Cristo y el símbolo de la cruz en el arte cristiano, la cosmovisión andina y el imaginario popular.

El símbolo de la cruz resulta clave en la concepción de esta exposición, pues traza un evidente puente entre la simbología cristiana y la simbología andina.

“En el arte precolombino —dice Fátima Olivarez— la cruz andina (chakana) indica el lugar esencial y sagrado, de tal manera que algunos templos y construcciones prehispánicas adoptan la forma escalonada con doce puntas. Tiwanaku es uno de muchos ejemplos cuya centralidad está representada plenamente en la chakana”.

Para Arandia, un ejemplo notable de la apropiación del símbolo de la cruz por el imaginario popular es la festividad de la Wila Cruz, que se realiza en áreas rurales de Potosí cada 3 de mayo.

“En esa festividad —dice— cada indígena carga su propia cruz, pero al Jesús divinizado se lo viste con un poncho y una montera y con un collar de flores y papas. El Jesucristo católico ha sufrido una transformación: sangra en la cruz, pero la sangre en el mundo indígena es símbolo de la fecundidad. Esto es lo más importante porque mayo es el mes de la primera cosecha de papa”.

Por su magnitud y por su importancia no sólo cultural sino también social y económica, la festividad del Señor del Gran Poder de La Paz es otra de las manifestaciones complejas de la apropiación popular de Jesucristo.

El imaginario y la cultura popular ha sacado a Jesucristo del templo y lo ha incorporado de múltiples maneras a otros ámbitos de la vida cotidiana. La exposición que se inaugura en el Museo Nacional de Arte quiere mostrar este fenómeno en su diversidad.






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