martes, 27 de diciembre de 2011

Matanza de los santos inocentes

28 de diciembre.- Día de los Santos Inocentes.

El origen de esta fiesta se debe a la matanza de todos los niños menores de dos años nacidos en Belén (Judea), ordenado por el rey Herodes I el Grande, con el fin de deshacerse del recién nacido Jesús de Nazaret.

Luego de ofrecer los ricos presentes de oro, incienso y mirra, al Niño Dios que acababa de nacer en un humilde portal de Belén, los tres Reyes Magos se dispusieron a regresar, pero esa noche, mientras dormían, un ángel del Señor, los visitó para advertirles que Herodes, rey de Judea, deseaba la muerte del Niño, el malvado hombre creía en su insana mente, que el Niño, a quien los judíos llamaban el Rey de Reyes, más tarde, representaría un peligro, que podría arrebatarle la corona que había conquistado a base de violencia y crímenes. Ante esta eventualidad los Reyes Magos salieron de Belén de manera furtiva, sin informar a Herodes de lo acontecido.

Mientras para la familia de Jesús transcurrían los meses en medio de una apacible felicidad, para el perverso rey pasaban lentos y angustiosos ante la falta de noticias del Niño. Cuando se enteró que los Reyes Magos habían partido tiempo atrás, sin informarle nada, montó en cólera y ordenó a sus guardias: ¡Id a Belén con la tropa que sea necesaria, y degollad a todos los niños menores de dos años que encontréis!

Los soldados partieron prestos a cumplir aquella horrenda misión. A Herodes no le importaba lo que el sojuzgado pueblo pensara o sintiera. Aislado de todos, sonreía satisfecho al pensar que en esa forma acabaría con sus temores.

Oscurecía cuando los soldados llegaron a las afueras de la ciudad y al amanecer cayeron por sorpresa en la humilde y tranquila comarca. Los soldados entraron intempestivamente a las casas, iniciando la horrenda matanza, los indefensos padres trataron de impedir inútilmente aquella espantosa injusticia. Algunas madres se arrastraban suplicantes a los pies de los verdugos pidiendo piedad por sus hijos; otras los defendían con vehemente furia, pero ninguno de los habitantes pudo impedir que la cruel espada segara la vida de aquellos inocentes niños. Aquel día todo Belén lloró de dolor y que la historia recuerda como el de la “Degollación de los Santos Inocentes”.

Sin embargo, Herodes había hecho derramar en vano la sangre de aquellos niños, pues aquél a quien tanto temía y deseaba destruir, se encontraba a salvo, camino a Egipto, lejos de su alcance.

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