domingo, 30 de octubre de 2011

“Todos los Santos” es tradición andina ancestral

La festividad de “Todos los Santos” compone un ciclo ritual asociado principalmente a la reproducción (fertilización de la tierra).

“Con la fiesta de “Todos los Santos” se da inicio a este ciclo ritual agrícola asociado con la época de lluvias, es decir que se entabla una relación entre los muertos que dan fructificación a los sembradíos”, informó el sociólogo David Mendoza.

Señala que “el mundo andino está asociado al calendario agrícola, en la época de calor, (Lapaka Pacha) que es la época que se identifica con la fiesta de los difuntos a comienzos del mes de noviembre”.

“Según la información obtenida a través de la memoria colectiva de nuestros abuelos y antepasados, la relación directa que existe entre todos santos y carnaval está en función al trabajo que hacen los muertos para la fecundación y reproducción de la tierra”.

Por esta razón en la cosmovisión andina no existe la muerte como el final de la vida, ‘Todos Santos’ marca un momento importante dentro del ciclo agrícola anual, que tiene que ver con las expectativas del hombre andino respecto a sus actividades agrícolas. En este entendido, “si los vivos atienden bien a sus muertos, éstos colaboraran de la misma manera con su cosecha.”, explicó el sociólogo.

SIGNIFICADO DE LA REPOSTERÍA

Una de las grandes tradiciones de “Todos los Santos” es elaborar repostería, siendo que cada “masita” (bocado elaborado con harina y horneado), tiene su singular significado y presencia en un altar que arman las familias en honor de los difuntos:

Tanta wawas, son panes hechos de harina en forma de personas representando al tipo de difunto. Se le coloca una mascarita de yeso como un símbolo de personificarlo.

Los caballos y llamas que según nuestros abuelos, son los que llevan en su lomo a las almas.

Las escaleras, son importantes ya que estas les sirven a los difuntos para subir al cielo y para bajar al altar.

Cruz, representa a cristo crucificado que protege al difunto en su retorno momentáneo a la tierra.

Tanta paloma, representa al espíritu santo y se encarga de llevar en sus alas al difunto al lugar donde mora.

También acompañan la mesa: suspiros, biscochuelos, pasankallas y platos del agrado del difunto.

OTROS ELEMENTOS

Caña de azúcar, sirve como un bastón para el difunto durante su caminata en la tierra además de que esta contiene agua para calmar su sed.

Flores, representan la naturaleza y el campo florido. Una vez recogido el altar se las lleva al cementerio.

Dulces, estos se ponen para los angelitos, cuando tienen la forma de una canasta, sirven para llevarse cosas y si tiene formas de gallos anuncian un nuevo día.

Tuquru, (tallo de cebolla) sirve para almacenar agua y calmar la sed de las almas en su recorrido.

Las coronas, son un símbolo de la grandeza que le dan al difunto en su familia recordándolo con mucho cariño.

PREPARACIÓN DE LA MESA

El 1 de noviembre desde muy temprano en un espacio de la casa se extiende un mantel negro sobre la mesa donde se coloca cañas de azúcar, las t’antawawas, caballos, llamas, escaleras, coronas y todo lo necesario en la mesa.

Usualmente a medio día del 1 de noviembre se prende la vela y con una oración se recibe a las almas (se almuerza con las almas y la familia).

Y vienen los “resiris” (hombre del campo, niños, vecinos que rezan a los difuntos)

Ofrendan su oración a cambio de pan, comida y refrescos; de acuerdo con el difunto ya sea este niño, hombre o mujer, siempre encomendando el bienestar de los vivos.

Al día siguiente 2 de noviembre a mediodía se hace el despacho de las almas con resignación y la satisfacción de haber cumplido con nuestras almas.



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