domingo, 1 de mayo de 2011

El Papa que besó suelo boliviano

Juan Pablo II recorrió el país en cinco días. Habló en aymara, rió y se puso un guardatojo

Los encuentros más cariñosos que sostuvo el Pontífice en Bolivia fueron con niños y jóvenes. Con ellos se le vio sonriente, llegó a mover el cuerpo al ritmo de las danzas que le regalaron y llamó “changuitos” a los pequeños que le esperaron en Tarija.

Firme, serio, se dirigió a los dirigentes políticos, a la clase gobernante de entonces, para apelar al “sentido de justicia y humanidad de todos… los que ahora compartís el ejercicio de las responsabilidades en esta amada Bolivia”. Su “desafío —les dijo en ese mayo de 1988— es servir al hombre en sus necesidades, luchar contra la pobreza y el hambre, el desempleo y la ignorancia”.

Que la Bolivia que le recibió era mayoritariamente católica, lo confirmó el hecho de la multitudinaria presencia de fieles allí donde arribó en los cinco días que duró la visita: La Paz, Oruro, Cochabamba, Sucre, Tarija, Santa Cruz y Beni.

Al atardecer del 9 de mayo tocó suelo boliviano. Bajó del avión vestido de blanco entero y besó el suelo en el aeropuerto de El Alto. Se cumplía así, explicó, su deseo de visitar la tierra protegida por “la Santísima Virgen de Copacabana”.

Fue recibido como un Jefe de Estado, con todos los honores. El presidente de la República de Bolivia de entonces, Víctor Paz Estenssoro, y todo su gabinete le dieron la bienvenida al Papa polaco.

Además de los grupos mencionados, se reunió con campesinos, indígenas, mineros y religiosos a quienes alentó a velar por la fe.

Allí donde estuvo pudo escuchar que le llamaban ‘Mensajero y Sembrador de Justicia y Esperanza’. Con esta imagen, de siembra, el padre Francisco López de Dicastillo había compuesto la canción que se convertiría en el himno de la única visita de un Pontífice a Bolivia. Cientos de periodistas se acreditaron ante la Conferencia Episcopal de Bolivia. Las imágenes del visitante —coronado, por ejemplo, con un guardatojo que le obsequiaron los mineros en Oruro, o saludando en aymara a los campesinos— se difundieron por el mundo.

Juan Pablo II, al despedirse aquel 14 de mayo, manifestó que intentaría volver. (MV)

La partida fue un 14 de mayo

Despedida
En su último día en el país, el 14 de mayo, en el colegio La Salle de Santa Cruz, el Papa dijo: “Llegó la hora de despedirme. Agradezco las manifestaciones de fe y de afecto que me habéis dispensado”.

En La Paz, la gente pintó casas de blanco

A lo largo de la Autopista, los fieles saludaron la llegada del Pontífice

Gonzalo del Castillo, obispo castrense y organizador en La Paz de la llegada de Juan Pablo II —el 9 de mayo de 1988— recuerda que muchas familias pintaron sus viviendas de blanco, para que el Papa las viese así, como un símbolo de paz, en el trayecto que recorrió por la Autopista. Una multitudinaria cantidad de fieles con pañuelos blancos armó un corredor a lo largo de toda la ruta.

La gente empezó a llegar a partir de las 12.00 al aeropuerto de El Alto. “Había como 500 personas en la pista, más de 1.000 afuera y muchos más en la Autopista; salían como ratones”, rememora Del Castillo.

Al día siguiente se celebró una misa a las 10.00 en el campo abierto del aeropuerto. Había nevado, pero ello no importaba a los fieles, ya que con abrigos, comida y en familia se hicieron presentes. “Había como 800.000 personas de toda Bolivia. Preparamos un altar, se hizo la misa bajo un toldo, pero la nevada hizo que el techo se hundiera. Tomamos palos para arreglar todo”, expresó. (MV)

Un año antes comenzó a prepararse la llegada. Se organizaron a los ministros extraordinarios de comunión (guardianes papales) y a la gente con talleres, y conferencias sobre la visita.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada