sábado, 3 de abril de 2010

La religión en Bolivia

Qué duda cabe de que la Semana Santa es la fiesta religiosa más importante del año para los bolivianos que profesan alguna fe. La vida, pasión y muerte del Hijo de Dios conmueve a los cristianos de este abigarrado país, mucho más que otras costumbres vinculadas con la fe.

Una encuesta publicada ayer por La Prensa, y elaborada por la firma CIES internacional, sostiene lo citado. El 50 por ciento de las personas encuestadas en el eje troncal concluye que la Semana Santa es la celebración religiosa más importante. Ése es un promedio. El desglose de la investigación señala otro dato revelador: los alteños representan la proporción más importante de la gente que asigna mayor trascendencia a la conmemoración del sacrificio del Hijo de Dios. El 61% de ellos piensa así, frente al 59% de los cruceños, el 42% de los paceños y, apenas el 31% por ciento de los cochabambinos.

La encuesta del CIES precisa también de que más del 90 por ciento de la población de las cuatro ciudades más importantes profesan alguna religión cristiana. Y de ese total, el 81 por ciento afirma que es parte de la Iglesia Católica. Y, ¿qué datos se tiene por ciudades? El 86 por ciento de los paceños son cristianos, lo mismo que el 82 por ciento de los cruceños, el 78 por ciento de los alteños y el 76 por ciento de los cochabambinos.

Es natural que los bolivianos expresen públicamente su fe. Esa manifestación quizás pueda ser comparada —únicamente y salvando las diferencias— con la pasión que un hincha siente por un equipo de fútbol, aunque seguramente ahora cada vez menos por razones obvias. Los católicos y, con seguridad, los evangelistas se declaran así gracias a la formación que han recibido en la escuela, en el hogar y en la iglesia.

Entonces, todas las cifras muestran que la religión es parte de la esencia de la mayoría de los bolivianos, que la fe es parte de la cotidianidad de los hombres y mujeres de este país, que hoy está regido por un Estado Plurinacional declarado laico, y cuyo presidente, Evo Morales Ayma, ha sido proclamado como líder espiritual de los pueblos indígenas. Está claro que la religión de los bolivianos y la política enarbolada por los actuales líderes políticos van por caminos diferentes. ¿Y acaso tienen que ir por el mismo sendero?

Rápidamente los gobernantes dirían que no. Amparados en la Constitución Política del Estado aprobada en enero del 2009, afirmarían que el Estado debe ser laico, que no debe ni puede comprometerse con las devociones que se profesan en el país. De acuerdo, pero un Presidente o un líder político se preserva siempre y cuando entienda, respete y haga suyas las aspiraciones, motivaciones y creencias de su pueblo. Y en este caso, obviamente que no ocurre aquello.

Más aún, el Gobierno que busca el socialismo comunitario pretende ser indiferente con la Iglesia Católica y, además, impulsa relaciones con otro tipo de iglesias, aquellas que son minoritarias. Sólo así se puede entender que el Órgano Legislativo no haya guardado la consideración necesaria para con la fiesta religiosa más importante de los bolivianos. De todas maneras, estos días, y principalmente mañana, millones de bolivianos irán a las iglesias a agradecer a Dios por el sacrificio de su hijo, como para celebrar la resurrección de Cristo, de aquél que redimió a la humanidad y enseñó el amor al prójimo como el perdón de los pecados.

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